El EcoSocialismo latinoamericano. El caso Monsanto en Malvinas Argentinas, provincia de Córdoba, Argentina.


  • Introducción.

Cuando recibimos la invitación de Espineta para escribir un artículo contando nuestra historia nos alegramos muchísimo y contestamos: “¡seguro!”. Al minuto siguiente caímos en la cuenta del enorme desafío que habíamos asumido. ¿Cómo transmitirle a nuestros compañeros europeos toda la experiencia vivida en la localidad de Malvinas Argentinas, al lado de Córdoba capital (2da urbe del país)?. ¿Cómo transmitir, a lectores catalanes, el valor que tuvo (y tiene) en Latinoamérica la intervención de los revolucionarios en procesos socioambientales, en esta etapa de crisis internacional?

Ahí va nuestro mejor intento.

  • El caso. Breve descripción.

La pelea de la Asamblea Malvinas Lucha por la Vida (AMLV) contra la instalación de Monsanto en Malvinas Argentinas tuvo su inicio hace casi tres años, allá por Julio de 2012. Ha reunido y movilizado vecinos y organizaciones, ha desarrollado una gran actividad militante, ha elaborado una consigna amplia como “Consulta Popular”, ha trabajado en un marco de unidad política sin precedentes, coordinando con científicos que le brindaron su conocimiento, reuniendo a distintas organizaciones (partidos de izquierda, centrales sindicales, estudiantiles, científicas, figuras del ámbito político, académico, artístico, etc.), amalgamando diferentes tradiciones de lucha social en un gran “frente antimonsanto”.

Ha transitado cada escalón de la institucionalidad del estado y también la de la calle. Ha puesto contra las cuerdas a las instituciones y poderes del Estado. Ha logrado una enorme legitimidad que hizo posible montar un plan de lucha inédito, cada vez más profundo, que desembocó en 4 meses de Bloqueo Permanente a los portones de la planta.

Hoy en día la construcción está paralizada, la documentación que Monsanto presentó al gobierno fue rechazada y sus últimos anuncios decían que iban a presentar otros nuevos pero recién después de las elecciones de 2015. Se ha ganado una primera y enorme batalla política, aunque la guerra sigue. La AMLV vivió una experiencia que templó a  cada uno de sus integrantes y los fogueó en el duro arte de construir unidad política, por más compleja que ésta fuera o tuviera  que ser.

El elemento distintivo, el cambio cualitativo ha sido la amplitud política de la AMLV, que, consciente de la magnitud de su enemigo, no dudó en recibir a toda persona y organización que viniera a desarrollar el conflicto. Fue ese elemento, combinado con un marco generalizado de crisis política nacional, el que más ha caracterizado lo que ya es, a todas luces, un conflicto de nuevo tipo.

A los revolucionarios que participamos en él nos resultó una enorme lección. Parano recostarnos en las teorías grises, para estar “de pie”, en tensión creativa ante los acontecimientos, con predisposición y sensibilidad para interpretar los nuevos fenómenos sociales, imprevistos, que “rompen los esquemas”, que pintan con nuevos y revitalizados colores al áureo árbol de la Vida.

  • El contexto político. Kirchnerismo[1]. Crisis internacional.

El intento de instalación de Monsanto en Córdoba no es para nada casual. En el mundo imperialista, el destino general de nuestras naciones latinoamericanas es la producción de materia prima. La Argentina es, después de Brasil y EEUU, el mayor productor de OGM (organismos genéticamente modificados) del mundo. Tanto para alimentar ganado como para producir biocombustibles, las multinacionales saquean concienzudamente los recursos latinoamericanos. Junto con la megaminería y el fracking, la tecnología de los OGM forma el último grito del extractivismo capitalista.

Lo que vemos en la Argentina post 2001 es la intensificación de un proceso de “Acumulación Originaria”, con sus respectivas versiones de injusticias y catástrofes sociales, para beneficiar a los capitalistas del agronegocio y para dar aire a un gobierno asfixiado por la deuda.

Las consecuencias sociales y ambientales de este proceso general son muchas y diferentes. Sumado a los desplazamientos y desalojos de comunidades rurales por el despojo de sus territorios, también ocurre un envenenamiento masivo producto de las fumigaciones a los cultivos transgénicos. Se calcula que entre 12 y 15 Millones de personas que viven en zonas periféricas de ciudades y pequeños pueblos sufren sistemáticamente las consecuencias del herbicida Round Up, de Monsanto. Los índices de cáncer, malformaciones y muchas otras graves afecciones a la salud se han disparado.

No sólo se suman hectáreas de cultivo OGM, sino que los cultivos más tradicionales son reemplazados por soja y maíz OGM. Cae la producción de carne, leche, fruta, etc. Los alimentos suben de precio y bajan de calidad de manera estrepitosa.

Las poblaciones desplazadas terminan hacinándose en la periferia de las ciudades. Las políticas de vivienda e infraestructura nunca son suficientes y millones viven en condiciones de miseria y riesgo sanitario.

Muchos no tienen agua potable, y los que si tenemos bebemos aguas contaminadas con agrotóxicos que se riegan por millones de litros a la vera de ríos y lagos, que llegan hasta las napas subterráneas y otras fuentes de las cuales se sirven las empresas (multinacionales también) que nos venden el agua.

Los capitales generados por la exportación de OGM se vuelcan a la especulación inmobiliaria y desarrollos urbanísticos de lujo en la zona de las sierras, lo que aumenta el precio de la vivienda y del alquiler. Estos desarrollos suponen un aumento en el desmonte, lo que causa catástrofes de inundación y sequía alternadamente.

Por último, las obras públicas no se proyectan para favorecer a los sectores populares, sino para aumentar los precios de las propiedades de los poderosos.

  • Ante la crisis, el imperio profundiza su saqueo.

El comienzo de la crisis de 2008 significó, para Argentina, el fin de una etapa de semi recuperación económica, en la que se puso en marcha la economía del país en base a la feroz devaluación del salario y del elevado precio de las “commodities” (productos primarios de exportación). De ese modo el gobierno pudo acumular una buena cantidad de dólares (para pagar deuda externa) por la exportación de soja y maíz OGM.

Con la economía de los países centrales en plena crisis, los planes de saqueo imperialista se profundizaron en busca de los recursos para volver a echar a rodar la rueda del consumo mundial. La planta que Monsanto proyectaba instalar en Malvinas Argentinas era la más grande en el mundo de su tipo. Con 25 hectáreas de superficie y 24 silos con 60.000 tn de capacidad, tenía la misión de triplicar la producción de semillasde Maíz MON 810, una semilla que produce su propio insecticida.Unos 3,5 millones de bolsas de semillas anuales para la siembra, tratadas con fuertes insecticidas y fungicidas, y pintadas de color para evitar su uso alimenticio. De esta manera se pretendía profundizar un modelo productivo que ya está mostrando sus consecuencias más trágicas.

  • Lecciones para la izquierda.

Aún hoy existe un enorme prejuicio en las organizaciones de izquierda que se reivindican revolucionarias hacia la cuestiónsocioambiental. Muchas están adormecidas por la herencia productivista del stalinismo. Otras han caído en un “obrerismo” que desprecia todo proceso que ocurra fuera de la fábrica. Otras se perdieron en el posmodernismo, niegan la perspectiva de clase y culpan “al género humano” de la debacle socioambiental.

Sin embargo la AMLV rompió con el viejo estereotipo del militante ambiental. Sus integrantes son obreros y estudiantes, ajenos al decrecionismo histórico posmoderno. La presión de la realidad obligó a la asamblea a rechazar el método del consenso para avanzar en medidas de lucha concretas. Rápidamente la conciencia general de los asambleístas pasó desde la idea del temor a la contaminación hacia la indignación ante el régimen, para apuntar al problema político del poder y de la resistencia/alternativa.

Nosotros pensamos que la intervención de los revolucionarios es muy importante para disputar la dirección de esos procesos y para influenciar a ese activismo en la perspectiva revolucionaria.

¿Por qué?, porque aunque de forma desordenada, los pueblos cuestionan al capitalismo en sus aspectos más concretos y materiales. El hecho de que las mínimas condiciones ambientales para desarrollar la vida sean sacrificadas en el altar de la rentabilidad conduce rápidamente a cuestionar toda la producción y el modo de vida capitalista. Para la mayoría de los trabajadores y sus familias, rurales o urbanas, a la pobreza se le suma el veneno, la enfermedad y la muerte. Parece una historia bíblica, pero es real.

Por otro lado, el extractivismo es una política imperial que es aplicada por todos los gobiernos latinoamericanos, sin distinción de orientación. Una alternativa a esta política parte de la recuperación de los recursos naturales de las garras del imperialismo. Para confrontar con los discursos productivistas y decrecionistas debemos hablar de la planificación de la producción y consumo. No se puede volver a producir como hace 600 años, pero tampoco se puede seguir produciendo de este modo criminal.

Los conflictos socioambientales suelen ser “a todo o nada”. No existe posibilidad de una solución intermedia, que deje satisfechos a envenenadores y a envenenados. Los sectores posmodernos y autonomistasreaccionarios, al negarse a considerar la movilización revolucionaria de las masas, han quedado ocupando el lugar que la burocracia ocupa en los conflictos obreros. Demorar, dilatar y desviar son sus especialidades.

El caso puntual de Monsanto puso en discusión al conjunto del modelo productivo del país, que alimenta de divisas a este y a cualquier otro gobierno. Con lo que la crisis toma a todos los partidos del régimen. Y para los revolucionarios es un desafío insoslayable.

Colaboración de Vicente Linares, del MST (Movimiento Socialista de los Trabajadores) y la “Red EcoSocialista” de Argentina.

Web: mst.org.ar

Face: Red EcoSocialista Córdoba

  1. Por Néstor Kirchner, presidente 2003 – 2007. Administrador de la crisis económica, política e institucional que estalla en 2001.
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