¿Qué es el periodismo? Comunicación, información o propaganda


“… las noticias son mandatos; el periodismo, una forma de dirección social. Hasta nuestras conversaciones personales, se proyectan como una sutil influencia sobre el medio circundante. Se informa, en definitiva (se escribe, habla o exhibe una película), para dirigir.” Camilo Taufic, Periodismo y lucha de clases

Si hiciéramos una encuesta en la calle, en los bares, en la universidad … y preguntáramos sobre la opinión que merecen los medios de comunicación de masas nos encontraríamos con respuestas muy negativas del tipo: “los medios mienten”, “los medios censuran”, “nos manipulan”. Si revisamos el barómetro del CIS del 2013 encontramos que después de los jueces la profesión peor valorada por los españoles es la de periodistas, los padres preferirían que sus hijos fueran policías locales antes que periodistas. Si esto es así ¿por qué seguimos creyéndonos lo que nos cuentan? O ¿cómo es que sin creerles actuamos como si los creyéramos?

Otra de las paradojas del periodismo es la siguiente. Los periódicos no se venden, las televisiones en la competencia por las audiencias pierden espectadores a favor de Internet, nadie cree que deba pagar por la información. La tasa de paro en el periodismo es de las más altas además de estar casi completamente precarizada[1]. En el informe de 2014 se afirma que en seis años, desde el inicio de la crisis se han destruido 11.875 puestos de periodista y han cerrado 364 medios.

Sin embargo, la prensa se mantiene, los periódicos no desaparecen, la principal fuente de información según todas las encuestas sigue siendo la televisión y las facultades de periodismo siguen aumentando los alumnos matriculados.

Para resolver estas paradojas hemos de preguntarnos qué es la comunicación y si información y comunicación son la misma cosa.

La hipótesis, o respuesta inicial que quiero compartir con vosotros, es que nos creemos lo que nos dicen porque, en primer lugar, para vivir en sociedad necesitamos la comunicación tanto como necesitamos comer, dormir o protegernos del frío. La comunicación es una necesidad humana. En segundo lugar, en nuestras sociedades postmodernas, ya no queda prácticamente ámbito de relación social (o de comunicación) que no esté mediado, es decir, que no haya sido apropiado por las empresas de comunicación. Así, si juntamos necesidad y propiedad tenemos una opinión pública totalmente esquizofrénica, o simplemente, sometida.

Nos creemos lo que nos dicen, o sin creerlo, actuamos como si lo creyéramos porque necesitamos entender el mundo para vivir en él y, siendo cada vez más débiles los lazos sociales, son los medios masivos quienes han acabado por monopolizar el relato del mundo.

El periodismo es sólo una pequeña parte de la comunicación social y sin embargo se ha convertido en la parte más determinante. Podemos decir que es la forma en que va desapareciendo la comunicación social para transformarse en información.

Si el término comunicar en su sentido originario está emparentado con “comunión”, compartir, hacer al otro partícipe de lo que uno tiene, piensa o desea, el término información está relacionado con “imponer una forma”, es sinónimo de “dirigir”. En las sociedades modernas, cuando surgen los medios de comunicación de masas, en realidad lo que ocurre es que la comunicación va desapareciendo, es decir, la relación social en la que intercambiamos mensajes, opiniones, deseos etc. y son los medios los que, convirtiéndose en intermediarios, se apropian de la comunicación y casi todo se convierte en información.

La labor del periodismo en el capitalismo es, fundamentalmente, elaborar relatos coherentes que destruyen a su vez la posibilidad de otros relatos que vengan de otras fuentes que no sean las del poder del Estado o de la economía. Incluso los relatos que proceden de nosotros mismos, de las organizaciones sociales, de nuestro entorno más inmediato, se nos presentan como sospechosos, poco creíbles, demasiado subjetivos.

El periodismo pasó por distintas fases de igual forma que lo hizo el capitalismo. Se inició como un periodismo artesanal (dominaba la doctrina del human interés (interés humanao). Después se pasó al periodismo industrial a partir de 1833 cuando el estadounidense B.H. Day creó el New York Sun, ya con una lógica completamente industrial. En esos mismos años surgió el periodismo de agencia (1835-51). La publicidad comenzó a pagar los periódicos y se produjo (como ya había ocurrido anteriormente en otras áreas económicas) la división del trabajo, los periodistas fueron proletarizados, se segmentaron las empresas (departamentos comerciales, imprenta, distribución). A partir de finales del siglo XIX se dieron las primeras luchas entre los “carteles mediáticos” (Pulizer-Hearst) surgió el periodismo amarillo[2] pero también se implantó el paradigma del periodismo como cuarto poder, o lo que es lo mismo, la ilusión de que el periodismo podía estar al servicio de la sociedad.

La última etapa en la que nos encontramos es la del periodismo financiero-especulativo. Las empresas mediáticas se han transformado en grandes corporaciones que a su vez se insertan en otras corporaciones cuya área principal de actividad no suele estar en la información. Es difícil sostener ya que las empresas mediáticas se mantengan únicamente por los beneficios que obtienen de su actividad en el sector de las comunicaciones. La mayoría de estas empresas, especialmente las dedicadas a la información papel, son mantenidas incluso con importantes pérdidas porque su función principal es en realidad la propaganda. Podemos decir que hemos pasado del paradigma informativo al paradigma reproductor (periodismo-propaganda)

En este contexto, el periodista ha entrado en una nueva fase de trabajador altamente precarizado y subordinado. Dice Rui Pereira que a los periodistas se les pedirá o que mientan o que se crean lo que dicen.

Los medios de comunicación y el desarrollo del capitalismo son dos mundos paralelos. El capitalismo, es decir, un sistema basado en la explotación, no puede subsistir sin apropiarse también de todos los medios de producción de conciencia. A partir de la Guerra Fría es cuando comenzaron los primeros pasos hacia la información-propaganda. Estados Unidos, el país que ocuparía la hegemonía militar y cultural sustituyendo a los imperios europeos (Inglaterra, Francia) desplegará todo su potencial bélico en dos campos: la industria de las armas y la industria de los medios. Ambos son los dos pilares de la hegemonía estadounidense.

De hecho, después de las empresas de armas son las de relaciones públicas (término con el que se designa en Estados Unidos a las empresas de medios) son las que más dinero mueven en el mundo, y EEUU encabeza el ranking en los dos casos. El resultado es que hoy, prácticamente todo lo que nos llega a través de los grandes medios es propaganda. No puede ser de otra forma.

Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), en el año 2012, por empresas, casi tres cuartas partes de las que aparecen en el Top 100 proceden de América del Norte -42 son estadounidenses, con un 58 % de las ventas- o Europa Occidental, copando el 87 % del total de ventas. De Estados Unidos son, además, siete de las diez primeras: Lockeed Martin encabeza la lista (36.000 millones de dólares -26.356 millones de euros-), seguida por Boeing (27.610 millones de dólares -20.213 millones de euros-). En el caso de los grandes conglomerados de la comunicación, de los 6 que monopolizan toda la información que circula en el mundo, 4 son de capital estadounidense y en otro tiene importante participación.

En su discurso televisado del 17 de enero de 1961, Eisenhower habló a los estadounidenses del peligro del “complejo militar-industrial” conformado por las Fuerzas Armadas y los fabricantes de armamentos y advirtió de su creciente ingerencia en el manejo de las políticas públicas del país. Si unimos esto a la expansión de los medios masivos entendemos que son dos procesos paralelos.

Bernays, el gran publicista estadounidense, reconocía que la manipulación de las conciencias era la sustancia del modelo americano. Él personalmente inició su carrera asesorando a Wilson y terminó como jefe de relaciones públicas de la United Fruti Company en 1954 teniendo un papel importante en la justificación de la agresión de la CIA a Guatemala “la manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones es un elemento importante en la sociedad democrática”.

El otro gran padre de la propaganda W. Lippmann, también estadounidense, cuyas enseñanzas provienen de su participación en los interrogatorios a los prisioneros en la primera guerra mundial, escribió en su libro La opinión pública que la democracia moderna no sería posible sin los medios de comunicación de masas. O lo que viene a ser lo mismo, la exclusión de las grandes masas del gobierno (clave del sistema representativo parlamentario) no sería posible sin los medios de comunicación.

Así pues, los medios de comunicación son maquinarias disciplinadoras necesarias para la reproducción del capitalismo y para el mantenimiento de la hegemonía del país que lidere en cada momento histórico. Son los que proporcionan la coartada para las guerras modernas, es decir, la principal forma de legitimación de las intervenciones imperiales. Y para que funcione todo el sistema de propaganda es necesario que se genere la fetichización de la información, es decir, que el periodismo sea presentado como un ejercicio técnico, neutro, objetivo, transmisor de hechos.

La mayor parte de las críticas hacia el periodismo se enfocan hacia los aspectos formales: el monopolio de la información, la propiedad de los medios, la falta de independencia, las formas de censura,… Esto es así porque las críticas suelen venir de los propios periodistas de forma que sin darse cuenta también dirigen la opinión pública hacia una crítica que es más conveniente para la profesión, para aumentar las probabilidades de tener un espacio propio o un mercado. Así, estas críticas comparten supuestos idénticos a aquellos que controlan los medios: la libertad, la neutralidad y veracidad. Muy pocos análisis se dirigen hacia los contenidos o hacia la función o consecuencias que acaban teniendo las noticias transmitidas. El control de la producción de información tiene que ir en paralelo con el control democrático del contenido. Es necesario tener una visión de conjunto, orgánica y sistemática de los medios de comunicación.

En la ideología Alemana Marx y Engels ya planteaban que “las ideas de la clase dominante son también las ideas dominantes en cada época, o, dicho de otro modo, la clase que es la fuerza material dominante en la sociedad es también la fuerza dominante espiritual. La clase que dispone de los medios de producción material, dispone, a la vez, de los medios de producción intelectual”[3]

Como decíamos al principio el poder económico y el político no se sostienen sin el poder mediático. Se trata de un sistema integrado de control y conexiones recíprocas. Esto nos lleva a plantear que los medios no están “al servicio del poder” sino que son una de las formas en las que el poder se expresa y mediante la que puede reproducirse reduciendo las resistencias.

Si nos comunicamos para influir y para modificar los sentimientos y las acciones de los otros, el problema no es la comunicación sino la apropiación de la comunicación, su mutación, su transformación en información y después en propaganda.

Ciertamente los medios no son omnipotentes, no es eso, la gente está dominada por el capitalismo y los medios de comunicación de masas son sólo una de las vías por las que se ejerce ese control. Sin embargo, de la misma forma que nos podemos apropiar de los medios de producción también podemos hacerlo con los medios, siempre teniendo en cuenta que esto sería parte de un proceso revolucionario. Las clases explotadas podemos encontrar formas de comunicación adecuadas a los fines que nos planteamos también.

El sistema de control es muy eficaz gracias a la técnica que permite unificar lo que está disperso, funciona agregando lo que está separado, convertida la opinión en un agregado de átomos aislados es sumamente fácil manipularla mediante las técnicas persuasivas adecuadas. . Pero no hay que olvidar que el ser humano organizado es más poderoso que cualquier técnica.

Ángeles Diez Rodríguez*

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* Ángeles Diez es Doctora en CC. Políticas y sociología, profesora de la UCM

  1. La industria de la prensa continúa sumida en una profunda crisis. El número de periodistas en paro según el Informe Anual de la Profesión Periodística del 2012 triplica al que se dio en el 2011. http://www.media-tics.com/noticia/2718/Medios-de-Comunicacion/El-numero-de-periodistas-en-paro-se-triplica-en-un-ano.html. Según este informe entre 2008 y 2013 el paro registrado de periodistas aumentó un 132 %. De estos periodistas parados, el 63 % son mujeres y el 37 % son hombres. En 2013, se destruyeron 4.434 puestos de trabajo y cerraron 73 medios.
  2. Esta época y este proceso está magistralmente ilustrado por la película de Orson Wells Ciudadano Kane (1941)
  3. C. Marx y F. Engels, La ideología alemana, Anthropos, p. 51

 

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