Dar para recibir


Estamos inmersos en tiempos donde la inversión educativa se reduce a la mínima expresión y se traduce en la optimización de los escasos recursos personales y materiales por parte de los agentes competentes. Algunos centros educativos se reinventan transformándose en comunidades de aprendizaje donde las personas anónimas pasan a ser superhéroes pro igualdad social.

La escuela en tiempos de crisis

En tiempos de crisis siempre se resienten áreas tan importantes y vitales para el desarrollo de una sociedad como son la educación y la sanidad. Como es habitual, los tijeretazos afectan a los contextos más desfavorecidos. Barriadas donde el detrimento educativo no es echado de menos, pues la herencia familiar incluye fuertes tradiciones impuestas como dogmas y altas dosis de analfabetismo por parte de los progenitores. Herencias de transmisión familiar que podrían modificarse abriendo la puerta de la cultura.

No obstante, para calar y movilizar las estructuras que faciliten la integración y promoción social en estas barriadas guetizadas, son necesarios más recursos personales y materiales. Recursos que no llegan por parte de los gobiernos y a los cuales las escuelas ha de hacer frente. La escuela, en tiempos de crisis, sin duda debe reinventarse.

La metamorfosi escolar

Y es así como, delante de una realidad tan árida e infranqueable como es intentar enseñar en un contexto hostil donde la educación pasa a segundo plano y, en ocasiones, confronta con las propias creencias aprendidas, donde algunas escuelas se alimentan a base de nuevas corrientes pedagógicas y van tejiendo un vestido a medida en el que entren la mayor parte de agentes educativos: padres, madres, voluntarios. El objetivo del cual es generar transformación social en ciertos barrios marginales. Los entramados de este tejido comunitario arroparán a la oruga fea y olvidada, a la espera de su metamorfosis en bella mariposa.

Yo soy una comunidad de aprendizaje

Convertir una escuela en comunidad de aprendizaje pretende optimizar los recursos educativos e introducir actuaciones educativas de éxito demostrado en escuelas con las mismas características en su alumnado y contexto social.

La optimización de recursos pasa por la participación de las propias familias en el día a día escolar. De esta manera se ofrecen comisiones donde participan maestros, padres y alumnos. Las clases se abren unas horas a la semana a padres que se comprometen a participar en los llamados grupos interactivos, espacios donde la tutora del grupo divide a los alumnos según el número de padres (o voluntarios, pues puede participar cualquier persona) que asisten, realizándose en cada grupo una actividad que el padre supervisará y gestionará las situaciones que se den. Además, se ofrece formación gratuita para acceder al certificado y graduado escolar. Formación a la que pueden acceder tanto los padres que tengan alumnos escolarizados como las que no.

Ante la necesidad de más ayuda para resolver las situaciones de fracaso escolar, las comunidades de aprendizaje movilizan a todo un barrio. Fomentan la colaboración de las familias del barrio en la vida escolar que sienten tan alejados de ellas. Creciendo la comprensión y el porqué de la necesidad de que su hijos estudien como herramienta ante una vida en la que los que tienen conocimientos tienen más posibilidades de éxito y integración. E incluso abren los ojos a la realidad de las aulas: del fracaso escolar y las conductas conflictivas, pasando de la normalización a la propuesta e inquietudes de qué pueden hacer ellos, y la escuela, para cambiar las tornas de la situación.

Superhéroes de barrio

En una comunidad de aprendizaje se pueden encontrar muchos superhéroes de estar por casa. En bata o chandals de mercadillo. Ninguno de ellos es consciente de sus proezas. Pero para los que compartimos el mismo espacio de intercambio educativo son, sin duda, héroes anónimos que generan cambio.

Así, nos encontramos con Silvia y Patricia, dos mamás que dejan a sus hijos en la escuela del barrio de al lado para dedicar dos sesiones a la semana a asistir a grupos interactivos.

Mamás voluntarias del barrio de al lado, más favorecido, cuya presencia ha sorprendido a los propios padres de la escuela. Pues ellos creían que las familias de los barrios próximos no les entendían, sintiéndose excluidos. Cada vez que estás dos superheroinas de barrio, cruzan el umbral de la puerta de la escuela algunas familias se abren a otras formas de entender la vida. Y generan cambio.

Sin duda el día a día esta lleno de superhéroes

Sin duda el día a día está lleno de superhéroes. Aquellos que abren los ojos a otras formas de entender la vida. O las que, pudiendo ocupar su tiempo en otros menesteres lo invierten en el barrio de al lado, más deprimido, apostando por ellos. O los miniheroes que en las aulas van escalando posiciones para ocupar un lugar más aventajado en el ranking social y dejar la etiqueta de guetho. Y todos estos super y miniheroes, como no puede ser de otra manera, van cogiendo forma entre los brazos familiares junto a la escuela. Sin duda, la escuela en tiempos de crisis, ha sabido reinventarse procurando dar una educación adecuada al contexto donde se ubica para recibir, en un futuro, y con los brazos abiertos, a ciudadanos que, en ningún caso, serán de segunda.

Juno 53

 

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