EL PODER EN BUSQUEDA DE UN “LUIS BONAPARTE” ESPAÑOL


“Los hombres han sido siempre en política víctimas necias del engaño de los demás y del propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de unas y otras clases”. (V.I. Lenin)

Cuando las actuales circunstancias de crisis generalizada del capitalismo mundial, de cambios para peor en la vida de los pueblos del Estado español y para el resto de pueblos del mundo; cuando el capitalismo se debate en una profunda crisis sin salida inmediata, cuando comienzan a despuntar una vez más en el seno de la clase trabajadora ideas socialistas resulta necesario intentar echar luz sobre el papel de estas elecciones del 20D.

Conocidos los resultados electorales, el más pernicioso error que cometeríamos los marxistas-leninistas, sería confundir las palabras lanzadas al aire por lo cuatro candidatos más votados con los hechos. Sus promesas con las posibilidades de cumplirlas. En fin, confundir las ilusiones con la realidad. Para que tal desliz no encuentre por donde colársenos, debemos ceñirnos al análisis escrupuloso de las relaciones de clase. ¿Acaso la burguesía no lo hace? Ellos, los verdaderos factores de poder (OTAN-banca-gran industria –judicatura –clero -nobleza), con los resultados electorales en la mano, y aún antes mediante las encuestas, se afanan en la elucubración de variables de “gobernabilidad” contra el proletariado en búsqueda de la recuperación del control político que ya el bipartidismo puro no les garantiza.

Entonces, identificar a los amigos y a los enemigos de los trabajadores y los pueblos es un punto de partida indispensable para trazar una política revolucionaria capaz de desbaratar los planes que elucubra el poder para mantener el control sobre el capítulo que está por iniciarse. Cualquier confusión, creer y/o confiar en el enemigo de clase y a la vez descuidar a los amigos de ruta probados por parte de los revolucionarios, incrementará la ya extendida debilidad de la conciencia y organización de la clase obrera. Todo trabajador sabe -aunque no siempre lo asuma-, que su fuerza reside en unirse rígidamente a sus compañeros de clase. En sintonía, los revolucionarios nos debemos a esa condición: la de no apartarnos de dicha premisa de clase. Más hoy, cuando la patronal y sus políticos, más la complicidad de las direcciones sindicales cooptadas y burocratizadas, vienen avasallando desde largo nuestros derechos individuales, sociales y políticos.

El contexto internacional viene dado por una crisis deflacionaria inducida por el desinfle de China, de las economías emergentes y del centro capitalista. Crisis que estanca o achica los mercados de productos industriales, instalando un estado de cosas, cuyas perspectivas para el Estado español que carece de materias primas y cuya industrialización real esta extranjerizada en gran parte y, si este cuadro de debilidad no fuera suficiente, es dependiente tecnológicamente; además es un Estado altamente endeudado y comprometido por ley suprema a cumplir primero los compromisos financieros de su deuda pública antes que garantizar los servicios sociales de sus habitantes, condiciona poderosamente las posibilidades que tiene la burguesía de maniobrar políticamente en aras de conservar una tranquila gobernabilidad.

Por todo esto, la burguesía española estrechamente unida política y económicamente a las subalternas burguesías autonómicas y sin la voluntad y capacidad de desoír las directivas (¿órdenes?) de Bruselas y Berlín (UE), no cuenta con otra opción en lo económico que continuar profundizando los planes de ajustes, incrementar el descenso del poder adquisitivo de salarios y pensiones, proseguir con las privatizaciones y la desposesión de cuanta riqueza permanezca aún en manos de los sectores medios para remediar la inevitable caída de la tasa de ganancia. Y en lo político, continuar profundizando la dinámica actual de recentralización y concentración del poder.

La concentración del poder, por el debilitamiento del bipartidismo y dado el resultado de las elecciones, pasa a ser el leitmotiv –ya no sólo para las direcciones del PPSOE-, sino de la de los cuatro partidos mas votados. Pero no a las cuatro direcciones la burguesía más poderosa le asigna idéntica responsabilidad en alcanzar este objetivo táctico y a la vez estratégico ni tampoco les entregan la misma confianza.

El poder sólo confía -siempre con las reservas del momento- en las direcciones del PP y el PSOE que desde la transición han demostrado ser fieles, además de idóneas para defender, beneficiar y acrecentar los intereses del gran capital. Basta con repasar lo actuado por sus respectivas legislaturas -contaran o no con mayoría absoluta-, y quedará despejada cualquier titubeo sobre lo que aseveramos. En cambio el poder no les concede la misma confianza a las dos nuevas formaciones -Podemos y Ciudadanos. Desde sus rutilantes irrupciones en el escenario político institucional suscitaron en las clases dominantes, duales, cautas y diferenciadas expectativas. Clasificaciones que fueron sometidas a una permanente y sofisticada observación de sus trayectorias, de sus fichajes, de sus posicionamientos tácticos. Siguieron su respectiva representatividad electoral mediante encuestas públicas y secretas que encargaron y pagaron mientras duró la campaña electoral. Resultado que el prejuicio dual del principio, especialmente hacia Podemos, fuera diluyéndose hasta terminar viendo en Pablo Iglesias un león herbívoro y Albert Ribera confirmando lo que desde siempre todo el mundo supo, pero la burguesía más, ser un cuadro político de la derecha con futuro.

No obstante la fuerza irrefutable de los hechos que transparentan y hacen visible que los intereses que defienden los cuatro partidos más votados, son los intereses de los explotadores, todavía hoy, amplios sectores obreros y pequeños burgueses confían en ellos y los premian, como muestran las elecciones, a nuestro respetuoso entender, con un inmerecido caudal de votos. Todo ello es producto de una gigantesca equivocación que tiene por lo menos tres orígenes: uno, la perduración internalizada e inconciente del terror ejercido por el franquismo en la sociedad durante 40 años que la Transición no extirpó; dos, el abandono de una línea revolucionaria por gran parte de la izquierda española: y tres, la sobrevivencia del mal llamado “estado de bienestar” en el imaginario popular como posible de reinstaurar.

Cuestión a tener en cuenta, es el hecho aparentemente paradójico -y por eso dijimos ceñirnos al análisis meticuloso de las relaciones de clase-, que aunque los cuatro partidos mas votados fueron resultado de sufragios mayoritariamente proletarios y de sectores populares, no debemos perder de vista que esos mismos votantes son los protagonistas de la lucha minera, de Gamonal, Coca Cola, Pan Rico y el 22M…, trabajadores ocupados y desocupados, monotributistas, hipotecados, educadores, funcionarios, estudiantes, trabajadores del campo con y sin parcelas. Protagonistas destacados de conflictos de toda índole que estallan a lo largo y ancho del estado con distintos grados de profundidad, extensión y organización pero que expresan el clima de insatisfacción y rebeldía que habita en lo profundo de sus pechos ante la situación económico social y política reinante, que es caótica y la corrupción impune borda cruelmente.

Un cuadro que nos induce a pensar que nos adentramos en una fase de la lucha de clases encaminada a abrir una situación pre-revolucionaria, pues está marcada por la dificultad de la clase dominante de mantener su dominio en forma inmutable: “los de arriba no puedan vivir como hasta entonces”; en simultáneo está comprobado que el agravamiento, superior al habitual, de la miseria y las penalidades de las clases oprimidas hace que : “los de abajo no quieran” vivir como antes” y por último, es constatable una intensificación considerable, por las razones antes indicadas, de la actividad de las masas.

El enemigo de clase sabe de lo que hablamos y desde hace tiempo se viene preparando. Hasta ahora el estadio de control político, el poder lo estableció en lo que llamamos de “contrarrevolución preventiva”, es decir a ajustad todos los factores del Estado, es decir, adecuó el monopolio de la violencia para la represión social y eventualmente, para la represión política selectiva, pero el debilitamiento del bipartidismo, la perdurabilidad de la crisis sin fecha de salida, la creciente movilización de los trabajadores y las luchas independistas no demorarán en dar el salto a la lucha política abierta, pues, como hemos visto, la burguesía no tiene margen alguno para hacer concesiones sectoriales que desinflen la cantidad de frentes reivindicativos existentes y los que irán apareciendo. Esta encerrona obliga al poder burgués, aun sin quererlo, a dar pasos firmes y acelerados en la búsqueda de un gobierno de Gran Acuerdo Nacional (GAN).

Gran Acuerdo Nacional (GAN) que ellos llaman “pacto”, “formar gobierno”, “coalición”. Eufemismos con los que pretenden ocultar la esencia bonapartista que tendrá el próximo gobierno sea quien sea quien termine sentado en la Moncloa e independientemente de la pertenencia a cualquiera de los cuatro partidos más votados. La intencionalidad del poder no se limita a PP-PSOE-Podemos-Cs, su intencionalidad es, basándose en la fragilidad ideológica que históricamente demostró la izquierda españolista que ellos sean de la partida. Será un nuevo “café con leche para todos”, pero esta vez, todos sentados en la mesa servida en Madrid. Habrá quien se resista a mojar su pan en tan caro café, pero para eso está la OTAN-banca-gran industria-judicatura-clero-nobleza, con sus persuasivos modos.

Panorama que para todos los revolucionarios, la clase obrera y los pueblos del estado debe ser motivo de preocupación y con seguridad lo es, por lo qué, todos, debemos prepararnos para un largo y duro periodo de crecientes combates que nos templaran los ánimos afirmándonos en la identidad de clase mas y mas, que debe reflejarse en la necesaria organización de masas y de su vanguardia revolucionaria.

No será fácil ni lineal la construcción de las herramientas que necesitaremos para desmantelar una a una las tácticas que implemente el enemigo, mas que además de luchar y resistir contra ellos, en este escenario tendremos que dar una dura batalla política ideológica a esa izquierda que apela en forma recalcitrante y excluyente de la práctica institucional y que pretende sostener, sin fundamento alguno más allá de su propia e histórica cobardía política y palmaria hoy ante la embestida neoliberal, que volver al estado de bienestar es posible, ignorando el rotundo señalamiento de Lenin: Sólo los bribones o los tontos pueden creer que el proletariado debe primero conquistar la mayoría en las votaciones realizadas bajo el yugo de la burguesía, bajo el yugo de la esclavitud asalariada, y que sólo después debe conquistar el poder. Eso es el colmo de la estulticia o de la hipocresía, esto es sustituir la lucha de clases y la revolución por votaciones bajo el viejo régimen, bajo el viejo Poder.

Amigos del Che

Tarragona, enero 2016

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