Lo que señalas es cierto, pero esto no es el socialismo


“La clase obrera no debe exagerar a sus propios ojos el resultado final de estas luchas diarias. No debe olvidar que lucha contra los efectos, pero no contra las causas de estos efectos; que lo que hace es contener el movimiento descendente, pero no cambiar su dirección; que aplica paliativos, pero no cura la enfermedad.”

Karls Marx, “Salario, precio y ganancia”. Escrito en 1865 y publicado en 1898

 

Hace unos meses me encontraba en una reunión sentado frente a algunos de los directivos de la empresa en la que trabajo. Yo era uno de los 13 representantes de los trabajadores elegidos para conformar la comisión que debía negociar la propuesta de descuelgue de convenio planteada por la empresa. Recuerdo aquel encuentro como una partida de ping pong. El abogado de UGT, sindicato mayoritario en aquella mesa, y el abogado contratado por la empresa se dedicaban a mencionar leyes, normativas, convenios y sentencias judiciales para demostrar la procedencia o improcedencia de la medida con la que se pretendía modificar nuestras condiciones laborales.

En un receso, tuve la oportunidad de debatir con los demás representantes de los trabajadores presentes mis discrepancias sobre la estrategia que se estaba siguiendo. Apunté que centrarnos en discutir los aspectos formales del proceso, sin entrar a cuestionarnos las razones alegadas por la empresa para suprimir parte del convenio vigente, nos conducía a un único escenario posible: discutir sobre el precio de venta de nuestros derechos. El debate duró poco. El tiempo necesario para que el abogado de UGT sentenciase: “Lo que señalas es cierto, pero esto no es el socialismo”. Finalmente, la empresa llevó adelante su plan (en este caso) sin acuerdo por parte de ninguno de los sindicatos presentes; algo que importa poco según la normativa vigente.

La mayoria de los conflictos laborales en estos tiempos, al menos en el territorio del Estado español, pasan en algun punto de su desarrollo por la apertura de instancias de (supuesta) negociación entre empresarios y trabajadores. La mayoría de ellas suponen una mera formalidad. Uno de los pasos a seguir por las empresas para cumplir con los trámites que les marca la legislación a la hora de modificar las condiciones acordadas previamente. Son pocos los casos en que surgen como una necesidad de la empresa ante la capacidad organizativa de los trabajadores para condicionar el desarrollo del trabajo ante las medidas que se les vienen encima, o ante la busqueda de mejoras.

A pesar de su carácter predominatemente formal, aparecen resistencias cuando se pretende introducir en estas discusiones conceptos como “lucha de clases”, “poder”, “conflicto”,… o cuando se plantea el antagonismo entre los intereses de la patronal y los de los trabajadores y trabajadoras; cuando se señala que sostener la gobernavilidad de la empresa no es una tarea de quienes representan a los trabajadores; cuando se cuestiona la figura de los accionistas o cuando se rechaza la sumisión al mercado para determinar las condiciones laborales. Resistencias planteadas siempre por quienes representan los intereses de los empresarios, quienes nunca rehuyen a la hora de imponer su relato de los hechos. Para ello apelan recurrentemente a cuestiones de carácter moral y a su papel en la busqueda de soluciones para todos (aunque los verdaderos beneficiados sean ellos) frente a aquellos que solo pensamos en nosotros mismos aún a costa de hundir un barco en el que, según ellos, todos ganamos o todos perdemos. Pero también planteadas a menudo, como en el caso mencionado, por quienes dicen defender los intereses de los trabajadores pero hace mucho han renunciado a interpretar la realidad desde la ubicación social de estos y han aceptado la lógica de un sistema que nos condena en beneficio del capital.

Hasta aquí nada nuevo. Desde aquí la puerta abierta a la reflexión: La dificultad (cuando no la imposibilidad) para imponer estos debates en el ámbito de discusión con los empresarios es una muestra más de la correlación de fuerzas entre capital y trabajo. Lo que lleva a plantearse si existe (al menos) una preocupación en el seno de las organizaciones sindicales por tratar de forma permanente y desde una perspectiva de clase, con el conjunto de trabajadores y trabajadoras, cuestiones como la “negociación colectiva y la política sindical; gestión del conflicto laboral, huelgas y repertorios de presión; política social, empleo y economía social; formación sindical, asesoría sindical y técnica, teniendo también cómo base de la arquitectura de un sindicalismo combativo, la financiación sindical.[1]

A menudo estas cuestiones se abordan asumiendo el techo que impone el marco de la legislación vigente. Cuestión que no niega que se critique y se denuncie pero que, en última instancia, busca superarla con las herramientas que el propio marco normativo posibilita, poniendo el énfasis en la consecución de objetivos inmediatos. “Este afán de éxitos efímeros y la lucha en torno de ellos sin tener en cuenta las consecuencias ulteriores, este abandono del porvenir del movimiento, que se sacrifica en aras del presente, todo eso puede tener móviles “honestos”. Pero eso es y sigue siendo oportunismo, y el oportunismo “honesto” es quizá el más peligroso de todos…[2]

Respecto a esta cuestión cobran absoluta vigencia las palabras de Lukács en Historia y conciencia de clase (Geschiste und Klassenbewusstein, Berlín, 1923): “La fuente de todo oportunismo consiste precisamente en partir de los efectos y no de las causas, de las partes y no del todo, de los síntomas y no de la cosa en sí; consiste en ver en el interés particular y en su satisfacción, no un medio de educación para la lucha final, cuyo resultado depende de la medida en que la conciencia sicológica se aproxime a la conciencia adjudicada, sino algo precioso en sí mismo o, por lo menos, algo que, por sí mismo, aproxima al objetivo; consiste, en una palabra, en confundir el estado de conciencia sicológico efectivo de los proletarios con la conciencia de clase del proletariado.”

No prestar atención a estas cuestiones hace que la lucha sindical, por muy combativa que se presente, no contribuya a superar el ámbito de la gestión de lo existente. Sus logros podrán conseguir mejoras económicas, pero esto no es suficiente para ser conscientes de la esclavitud del trabajo asalariado. Podrán hacer caer a empresarios corruptos y autoritarios, pero ello no significa poner en cuestión la propiedad privada de los medios de producción. Podrán modificar partidas presupuestarias consiguiendo mejoras para los trabajadores y trabajadoras de algunos sectores, pero esto podrá ser utilizado para justificar la firma de unos presupuestos por parte de aquellos “grupos parlamentarios probablemente más afines a nuestras reivindicaciones[3] a los que se cuestiona por el mero hecho de sentirse llamados a debatirlos[4],…

Y es que “el interés individual momentáneo, en el cual ese sentido [de la situación histórica de la clase] se objetiva sucesivamente, y por encima del cual no se puede pasar sin hacer retroceder la lucha de clase del proletariado al estado más primitivo del utopismo, puede efectivamente tener una función doble: la de ser un paso en dirección del objetivo y la de ocultar ese objetivo. Que sea una cosa o la otra, depende exclusivamente de la conciencia de clase del proletariado, y no de la victoria o del fracaso en las luchas particulares.[5]

Manuel Villar

  1. https://borrokagaraia.wordpress.com/2016/09/01/la-economia-capitalista-conflicto-poder-y-revitalizacion-sindical/
  2. F. Engels “Contribución a la crítica del proyecto de programa socialdemócrata de 1891”; publicado en la revista “Neue Zeit” en 1901.
  3. http://cgtense.pangea.org/spip.php?article4715#.WHLgmH3fe7C
  4. https://lasaldelaterra.wordpress.com/2016/12/21/governabilitat-i-pressupostos/
  5. G. Lukács “Historia y conciencia de clase (Geschiste und Klassenbewusstein)” Berlín, 1923
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