LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE Y LOS SOVIETS. COMO EL AGUA Y EL ACEITE


El triunfo de la revolución de febrero provocó la caída del zarismo y la convocatoria de una Asamblea Constituyente, que redactaría y aprobaría una nueva constitución para el país. Después de varios retrasos se fijó el 25 de noviembre como la fecha para la celebración de los comicios.

La revolución de Octubre derribó al gobierno provisional y entregó el poder a los soviets, sin que nadie supiera que hacer con la fecha electoral, ni con las contradicciones que implicaba la Asamblea Constituyente. Los bolcheviques habían defendido su convocatoria después de febrero, pero la situación había cambiado por completo desde entonces. Se trataba de ahondar en la participación democrática para debilitar a la reacción zarista y sus aliados burgueses, pero la evolución política había ido más rápida de lo que los más optimistas esperaban. Ya no se trataba de derribar ningún gobierno provisional. Para bolcheviques y socialistas revolucionarios de izquierda, el poder de los soviets, era el canal por el que la clase obrera y el campesinado pobre debían ejercer su autoridad política en el el país. La futura Asamblea Constituyente no tenía lugar en el nuevo orden revolucionario. Democracia burguesa (representativa) y democracia popular (asamblearia) eran incompatibles y no podían coexistir. La predominancia de una, significaba la liquidación de la otra.

En abril los bolcheviques podían haber argumentado que la consigna había quedado totalmente superada, y de que ahora ya no se trataba de consolidar la democracia burguesa, sino de instaurar el poder de los trabajadores. Pero no se hizo. Probablemente por la confusión política que conllevaron las tesis de abril y el radical cambio de rumbo. El mismo Lenin parece que todavía no tenía claras todas las consecuencias. La resolución de la conferencia bolchevique citaba a los dos organismos indistintamente, como lo receptores del poder y hasta octubre siguieron reclamando la convocatoria de la Asamblea Constituyente y la entrega del poder a los soviets.

La situación era muy confusa y el sentimiento popular a favor de la Asamblea parecía fuerte. Los bolcheviques no se atrevieron a anular las elecciones. Viendo a posteriori la escasa resistencia que hubo a su disolución no parece que fuera para tanto, pero no olvidemos que la revolución apenas estaba dando sus primeros balbuceos. La extensión del poder de los soviets apenas se había puesto en marcha y todavía en las provincias se esperaba la convocatoria de la Constituyente.

Ante la falta de tradición democrático burguesa en Rusia, una Asamblea Constituyente formada por parlamentarios que nadie conocía, y que habían salido elegidos simplemente porque figuraban en las listas cerradas que habían presentado los partidos políticos, parecía extraña y totalmente alejada del sentir popular, al contrario de unos soviets que eran mucho más próximos, y en los que se elegía a los diputados por su prestigio e influencia personal entre los electores.

La solución al nudo gordiano pasaba por conseguir una mayoría absoluta (bolcheviques y socialistas revolucionarios de izquierda) que permitiera disolver la Asamblea Constituyente, después de que ésta bendijera, como su primer y último acto, el nuevo poder de los soviets (1). Pero Lenin, no se hacía ilusiones, consciente de que el partido socialista revolucionario (en proceso de escisión pero controlado por su ala derecha) conservaba su fuerza entre el campesinado (2), hizo una serie de propuestas (rebajar el derecho de voto a los 18 años, decretar la revocabilidad de los candidatos y de los elegidos, negar el derecho de voto a los contrarrevolucionarios), que fueron rechazadas por u propio partido. Lenin mostró su inquietud de que “no fuese a costar(le) aquel error la cabeza a la revolución” (3).

No todos los bolcheviques estaban convencidos de que la Asamblea Constituyente estaba superada. La postura de los bolcheviques hasta abril había sido reivindicarla y denunciar al gobierno provisional por sucumbir a las presiones de la burguesía y retrasar su convocatoria. El mismo discurso de Lenin no siempre había sido claro y habría defendido en algún momento una hipotética combinación de ambas instituciones (4). La misma que Kamenev y Zinoviev habían planteado en vísperas de la revolución, como alternativa al “Todo el poder a los soviets”. Esa alianza, según ellos, habría asegurado de forma pacífica el paso del poder a un gobierno de coalición socialista.

Una gran parte del partido no había comprendido que representaban los dos poderes y seguían apostado por la culminación de la “revolución democrática”. Por consiguiente, los soviets habrían seguido existiendo (por lo menos durante un cierto tiempo) subordinados a la Asamblea Constituyente, como una especie de extensión popular de su autoridad nacional. La revolución de octubre habría sido una simple profundización de la de febrero. Para Lenin y Trotsky la toma del poder por los soviets implicaba iniciar un camino que dejaba muy atrás la revolución burguesa (que simbolizaba la Asamblea Constituyente).

Pero la ambigüedad estaba instalada por todas partes. No olvidemos que el primer gobierno soviético, el de los comisarios del pueblo, se denominaba gobierno provisional de los obreros y campesinos, que fue formado para regir el país hasta la convocatoria de la Asamblea Constituyente. Y los mismos decretos sobre la paz y la tierra se habían promulgado en espera de recibir el visto bueno de la misma. Una vez la convocatoria de elecciones estaba en marcha, era difícil dar marcha atrás. Parecía más fácil esperar a que los partidarios de los soviets consiguieran ser mayoritarios. Pero ¿y si ocurría lo contrario?

Las elecciones se realizaron el 12 de noviembre y los resultados no fueron los esperados por los bolcheviques y sus aliados los eseristas de izquierda (que estaban en un proceso de escisión con el ala derecha, ). El Partido Socialista Revolucionario obtuvo el 41% de los votos y 380 diputados, mientras que el partido de Lenin sólo consiguió el 23,5% y 168 parlamentarios. El resto de las organizaciones (mencheviques, Kadetes …) quedaban muy por detrás. Como era de esperar, el campesinado había votado en masa a los socialistas revolucionarios. Los bolcheviques por su parte se habían alzado con la victoria en las ciudades, en las zonas industriales y mineras y también en los ejércitos del norte y noroeste, mientras que su influencia se había rebelado escasa en el Mar Negro y el Caúcaso, de tradicional influencia menchevique. Los peores presagios se habían cumplido y el choque era inevitable.

La historia de la Asamblea Constituyente fue breve y poco gloriosa. Los bolcheviques y los social revolucionarios de izquierda decidieron retirarse después de que ésta se negara a ratificar los decretos sobre la tierra, la paz y el traspaso del poder a los soviets. Tal como era previsible, la Asamblea Constituyente, un parlamento burgués en manos de los eseristas de derecha, se rebeló enemiga acérrima de la revolución de octubre. La sesión inaugural continuó hasta bien entrada madrugada, momento en el que los guardias rojos que la custodiaban, dirigidos por el marinero anarquista, Anatoli Zhelezniakov. Comunicó a su presidente Víctor Chernov que estaban cansados y que la Asamblea quedaba disuelta. El último que apagara la luz.

La Asamblea Constituyente desapareció casi sin dejar rastro. Fue disuelta y no volvió a reunirse. La manifestación armada, que había sido planeada para el día de su inauguración, protagonizada principalmente por la pequeña burguesía urbana, se transformó en pacífica por orden de los socialistas revolucionarios, y fue disuelta sin grandes contratiempos por los bolcheviques.

Moshe Lewin, explica que elegida en octubre, cuando se reunió en enero, la Asamblea Constituyente ya era un organismo caducado y sin fuerzas sociales significativas, dispuestas a apoyarla.

Cuando, en enero siguiente, se reunió la Asamblea Constituyente elegida en octubre, ya eran un órgano agotado. La Asamblea Constituyente, que era algo completamente nuevo en Rusia, fue incapaz de dar un giro histórico al carecer del apoyo de las tropas y de las masas populares. Tampoco contaba con el apoyo de los soviets (ni siquiera de los soviets militares), y aquellos que la habían elegido en octubre ya se habían olvidado de ella en enero: así de rápido cambió el escenario en esta etapa histórica” (5).

Realmente la Asamblea Constituyente contaba con escasas fuerzas sociales para sostenerse. No sólo los bolcheviques y los socialistas revolucionarios de izquierdas estaban en su contra. La burguesía rusa, representada por el partido kadete, consciente de su debilidad, no tenía ninguna confianza en ella (sólo contaban con 17 de los 800 escaños) y optaba por una linea de mano dura para liquidar la revolución. El mismo mes de enero, el Comité Central del partido kadete había declarado que la Asamblea “no es necesario ni aconsejable”. Sólo los social revolucionarios se mostraron firmemente interesados en su mantenimiento (y los mencheviques, pero su influencia polìtica erra muy inferior), pero eran ya un partido dividido y en plena descomposición. La escisión de su ala izquierda y el decreto de la tierra aprobado por los soviets, le había quitado el apoyo de las capas pobres del campesinado.

Su supervivencia se habría apoyado en las clases medias urbanas y del campo y habría contado con la hostilidad manifiesta del proletariado y del campesinado pobre, que apoyaban el proceso de entrega del poder a los soviets. Un poder basado tan solo en las clases medias habría sido efímero e inestable y habría acabado derivando hacia uno de los dos campos en pugna, la revolución y la contrarrevolución. La pequeña burguesía de la ciudad y del campo no tenía capacidad política para resolver los grandes retos a los que se enfrentaba Rusia. El poder finalmente habría derivado hacia la restauración del viejo orden, o habría acabado estallando una tercera revolución.

Ni la burguesía autóctona, ni las potencias imperialistas europeas veían con simpatía, un proceso democrático en Rusia, que dadas las condiciones del país, podía ser altamente explosivo.

Si en la guerra civil, los ejércitos blancos se hubieran alzado con la victoria, (pese a haber sido reivindicada por el gobierno de Samara de mayoría socialista revolucionaria), la Constituyente habría sido ninguneada y se habría restaurado el zarismo.

Sin embargo y pese a todo, las elecciones habían sido convocadas y los bolcheviques habían quedado en segundo lugar, con apenas una cuarta parte de los votos. Por consiguiente, la disolución de la Asamblea Constituyente no dejaba de ser un acto claramente antidemocrático. Si existía una incompatibilidad con los soviets, tenían que haberse desconvocado las elecciones en nombre del poder de los consejos antes de su celebración y no después, cuando los resultados no eran los esperados. Lo primero que hay que tener en cuenta, es que el proceso sólo puede comprenderse en el marco concreto de la lucha de clases y en una situación de preguerra civil.

La disolución fue justificada con el argumento de que las leyes habían sido formuladas bajo el gobierno de Kerensky, y que favorecía el voto de los sectores acomodados del campesinado. Por otro lado, era cierto que la situación había cambiado radicalmente. Las listas electorales se llevaron a cabo poco después de la revolución de febrero. Y desde entonces había llovido mucho. A raíz de la guerra y la crisis económica, las clases populares se habían desplazado cada vez más hacia la izquierda. Había estallado una revolución. El gobierno provisional había sido derribado y en su lugar los soviets habían tomado el poder y habían decretado el alto el fuego unilateral y la entrega de la tierra a los campesinos. La fotografía que reflejaban las listas electorales había envejecdo en pocos meses.

El argumento de Lenin utilizando la situación de los social revolucionarios era poco menos que irrebatible. Las listas electorales habían sido diseñadas en febrero por el aparato del partido, que estaba controlado por su ala moderada. Por lo tanto, el peso de este sector había prevalecido sobre el ala izquierda. Desde entonces sus bases sociales se habían desplazado hacia la izquierda y las listas ya no respondían a los intereses que se habían expresado en las elecciones. Oskar Anweiler opina que esta afirmación no puede comprobarse de ningún modo (6). No es cierto. Está claro que desde el punto de vista formal, no hay forma de verificarla, pero también que hay sobrados evidencias de la radicalización revolucionaria. Por consiguiente esos cambios en la conciencia de las clases populares no estaba reflejada en las listas de febrero. De hecho, cuando se celebraron las elecciones el PSR ya funcionaba escindido, como dos organizaciones claramente diferenciadas y enfrentadas. La escisión era una consecuencia más de los cambios que se estaban produciendo,

No hay que olvidar que el II Congreso de los soviets había decretado la paz y la entrega de la tierra al campesinado (las dos reivindicaciones más sentidas por las bases sociales de los social revolucionarios). Es indiscutible que los decretos fortalecieron el poder de los soviets, de los bolcheviques y los socialistas revolucionarios de izquierda.

Otro indicio de que las cosas habían cambiado radicalmente, y de que la Asamblea Constituyente ya no respondía a la realidad, fue la escasa resistencia que hubo a su disolución. Las clases populares la habían apoyado en el momento de ruptura con el viejo orden zarista, cuando era una república burguesa parlamentaria lo que estaba en juego. Pero el proletariado y las clases populares apoyaban los cambios, no por ninguna cuestión democrática en abstracto, sino para conseguir sus reivindicaciones, el pan, la paz y la tierra. En el momento en el que el II Congreso de los soviets se había alzado con el poder y había ordenado la satisfacción de estas demandas, el atractivo de la Asamblea Constituyente, había empezado a disiparse.

Otro aspecto que hay que valorar, es el de que en 1918 las noticias y por lo tanto las repercusiones que éstas producían no eran como en la actualidad, casi instantáneas, sino que se extendían como las ondas en un estanque cuando arrojamos una piedra en el centro. Las elecciones a la Asamblea Constituyente se habían producido apenas tres semanas después de la insurrección de octubre. El decreto de la tierra todavía no había llegado a todos los rincones del país y el campesinado votó en masa al partido que tradicionalmente había defendido sus intereses, los social revolucionarios, mientras que los bolcheviques apenas tenían presencia en las amplias regiones campesinas.

Todas estas cuestiones nos ayudan a entender las circunstancias en las que se desarrollaron las elecciones, pero no la decisión de disolver la Asamblea Constituyente. En sus escritos desde la cárcel, Rosa Luxemburgo no comprendió las tremendas dificultades con las que se enfrentaba la minoría revolucionaria en Rusia. En sus reflexiones, después de rendir homenaje a la revolución de octubre y realizar sus comentarios, a veces irónicos, lleva a cabo el siguiente comentario que merece ser comentado. En respuesta a las explicaciones de Trotsky contesta:

Todo esto es perfecto y muy convincente. Tan sólo resulta sorprendente que personas tan inteligentes como Lenin y Trotsky no hayan dado con la conclusión inmediata que se deriva de los hechos citados. Si la Asamblea Constituyente ya estaba elegida mucho antes del punto crítico, de la rebelión de octubre, y en su composición reflejaba la imagen de un pasado superado y no de la nueva situación, la conclusión evidente ea liquidar esa asamblea caduca, nonata y convocar sin tardanza nuevas elecciones para la Constituyente… lo único que había que hacer ea convocar de inmediato otra asamblea que representase a la Rusia más avanzada y renovada” (7).

¿Para qué iban a convocar otra Asamblea Constituyente, cuando existía el poder de los soviets?. Es probable que en una segundas elecciones, los bolcheviques y los social revolucionarios de izquierda hubieran conseguido la mayoría. Pero ¿Qué habrían hecho con la nueva Asamblea? Tal como explicábamos, la razón de su disolución no fue otra que la incompatibilidad entre los dos poderes. No era sólo un problema de mayorías o minorías. Sólo podía sobrevivir un poder, el de la revolución democrático burguesa, que representaba a las clases medias urbanas y campesinas (y marginalmente a la burguesía) o el de la revolución socialista (en el que la clase obrera debía completar las tareas democráticas que la burguesía se había negado a llevar a cabo, para crear las bases materiales para construir el socialismo).

 

Enric Mompó

 

1. Oskar Anweiler. “Los soviets en Rusia”. Pravda 30.11.17.

2 . La revolución de Octubre apenas tenía tres semanas de edad. Las repercusiones del decreto sobre la tierra, aprobado por el II Congreso de los soviets, todavía no habían llegado a gran parte del país.

3. Victor Serge. “El año I de la revolución rusa”. pág. 200, cita Trotsky “Acerca de Lenin” Cap. IV

4. Oskar Anweiler. Op. Cit. pág. 223.

5. Moshe Lewin. “El siglo soviético”. pág. 357.

6. Oskar Anweiler. Op. Cit. Pág. 220.

7. Rosa Luxemburgo. Obras Escogidas, tomo 2, pág. 137.

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