“Ser” de izquierdas


El discurso político de izquierdas ha sido elaborado en los análisis teóricos y prácticos de manera diferente dependiendo de la coyuntura política y de los intereses en juego. El cruce de estos dos factores ha provocado que se hayan venido utilizando diferentes conceptos operativos vinculados cada uno a un tipo de praxis específica. Dichos conceptos son: pueblo, ciudadanía y clase. Alrededor de dichos conceptos se ha construido la acción política de las distintas concepciones de la izquierda.

1) Lo primero de lo que vamos a tratar es el pueblo que es un concepto político vinculado al tipo de régimen político democrático y desde el punto de vista histórico adquiere dimensión hegemónica a partir de la Revolución Francesa. Es a partir del siglo XVIII y sobre todo del siglo XIX cuando dicho significante se convierte en el centro tanto del análisis político como del reclamo propagandístico. Más allá de las teorías democráticas que han puesto en el centro de sus propuestas políticas al pueblo, a nosotros nos interesa realizar un análisis ontológico sobre dicho concepto. Desde el punto de vista teórico se distingue lo uno y el todo. El primero se define como aquello cuyas partes están unidas sustancialmente; el segundo se define como aquello cuyas partes se encuentran en una disposición de relación entre ellas. En este sentido, lo uno existe actualmente de manera inmediata; en cambio, el todo, por si mismo, solo existe actualmente de forma mediata y potencialmente de forma inmediata. El pueblo no es una unidad porque no actúa colectivamente de forma unitaria. Sin embargo, en este caso, el pueblo sí sería una totalidad, o mejor dicho un todo, donde las partes se distribuyen a través de una relación de tipo espacial, territorialmente, y de tipo social, entre diferentes estratos o grupos sociales. Asimismo, el pueblo desde un punto de vista ontológico solo existe a través de la representación política, ya sea por medio de un gobierno, un caudillo, o una élite. Por tanto existe actualmente de forma mediata y potencialmente de forma inmediata, ya que actúa puntualmente o esporádicamente colectivamente. Desde el punto de vista práctico, el pueblo como sujeto político actúa de forma inmediata en la opinión pública o por la vía electoral, de forma dispersa. Otra manifestación de la mediación política en la que existe el pueblo se da a través de ficciones como la soberanía que supone aparentemente que el poder emana del pueblo. Uno de los argumentos que prueban que el pueblo no es una unidad y por tanto es una totalidad es la cuestión de la dominación. El error de algunas concepciones de izquierda parte de esta confusión y concluye en análisis relacionados con la falta de democracia o que lo que hay no es una democracia de nivel aceptable. Ello conlleva una práctica en la cual lo importante es realizar demandas democráticas.

2) Otro concepto fundamental de las propuestas políticas de algunas partes de la izquierda es el de ciudadanía. Aquí, el análisis se centra en la falta de derechos de algunos grupos sociales con respecto a otros o a los recortes de algunos derechos fundamentales inherentes al hecho de ser ciudadano. Ello produce un discurso donde se expone la idea de que existen ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda y cuyo análisis se refiere principalmente al ámbito del derecho. El problema de la dominación se reduce a que los grupos sociales que tienen derechos son unos privilegiados y los que no pueden acceder a ellos, ya sea en su ejercicio o en su disposición, están en una posición subalterna fuera de toda relación democrática. Se parte de un pensamiento de tipo nominalista en el que lo único que existe en acto son los ciudadanos individuales, no teniendo el concepto de ciudadanía una consideración de unidad, ni de totalidad. Como mucho, la ciudadanía es un término que se le supone alcance general o, en las concepciones más progresistas, universal. Así, no existe un ciudadano colectivo que esté por encima de los individuos a los que se considera como tales, solo se supone que cuando se utiliza el término ciudadano me refiero a los mencionados individuos en su conjunto. Desde un punto de vista político, el ciudadano solo existe de forma mediata potencialmente, es decir, a través de unas facultades jurídicas y derechos reconocidos por el poder político por el hecho de estar en su territorio o pertenecer a una nación y disponer de la nacionalidad y cuya misión es respetar y garantizar incluyéndolos en un ordenamiento jurídico. Si no existe dicho reconocimiento por parte del poder político, los derechos y facultades que constituyen al individuo como ciudadano no podrán ser invocados en ninguna instancia. Las propuestas políticas referidas al concepto de ciudadanía se realizan desde un punto de vista práctico en el estado de derecho en el cual se atribuyen o se reconocen derechos y deberes a los individuos-ciudadanos por medio de la ley, aprobada por los representantes de estos reunidos institucionalmente. Se necesita ineludiblemente al poder político para que sea reconocida la capacidad política de los individuos-ciudadanos. Sin el poder político no existe el ciudadano. A diferencia del pueblo, que desde un punto de vista lógico es anterior al poder político, el ciudadano es posterior y necesita de dicho poder para su existencia. No es de extrañar que las propuestas políticas ciudadanistas caigan en concepciones estatalistas. Además, el fin de dichas propuestas acaba normalmente en un discurso sobre la igualdad donde el problema de la explotación se deja a un lado.

3) Por último, otra manera de llevar a cabo la acción política es a partir de la idea de clase. Esta última es la base de todo análisis relacionado con una propuesta comunista. La clase desde el punto de vista político es una unidad porque actúa colectivamente de forma unitaria a través del partido. La clase, desde el punto de vista de la praxis política, existe actualmente de manera inmediata, ya que ejerce su práctica política directamente de forma autónoma. Es más, su acción colectica es antagonista con respecto al poder político establecido. La clase no necesita recurrir al poder político, y por tanto ser mediada, para ser reconocida políticamente, sino que se expresa de manera inmediata a través del partido. Desde un punto de vista ontológico, el binomio partido-clase no se basa en la representación del primero sobre la segunda o viceversa, sino que actúa como intelectual orgánico donde la deliberación y la acción están unidas. El fin político de la clase no es mejorar lo establecido, sino darle la vuelta al mismo. No se conforma con la concesión de unos derechos o con la profundización de procedimientos democráticos en ámbitos nuevos, sino que su objetivo fundamental es el fin de la explotación y por tanto también su propia desaparición desde el punto de vista social. Desde un punto de vista lógico, a diferencia del pueblo, que es anterior al poder político y del ciudadano que es posterior al mismo, la clase es a la vez que este y existe frente a él. No hace falta decir que la clase de la que hablamos es la clase obrera, sujeto fundamental de la acción política comunista. Ella debe ser el principio y el fin de la reflexión revolucionaria. Ella debe ser el centro del discurso político de izquierdas. La clase obrera debe ser la apuesta de toda opción comunista y el soporte fundamental de su praxis emancipadora.

 

Antonio Valmar

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