Las libertades que faltan

By Carme Ribes Moreno [CC BY-SA 3.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], from Wikimedia Commons

Autonomía y autarquía en la universidad

‘’Los dolores que quedan son las libertades que faltan’’

Deodoro Roca, (1918).

 

La educación ocupa un papel fundamental en la reproducción de la estructura social. Esta idea, desarrollada en profundidad por autores de la talla de Bourdieu, Gramsci o Althusser, evidencia el hecho de que ninguna institución, ni siquiera la escuela, es neutral o está por encima del contexto histórico en el cual se circunscriben las sociedades.

La progresiva segregación de los alumnos en situación de exclusión social hacia la Formación Profesional revela la verdadera naturaleza del sistema educativo: una compleja maquinaria de reproducción de la contradicción capital-trabajo con una fuerte carga ideológica en los contenidos. Conforme la crisis económica se agudiza en los hogares humildes, más estudiantes se ven empujados fuera de la universidad y se ven forzados a cursar estudios de menor calificación. El Instituto Nacional de Estadística publicó en su informe anual el escalofriante dato de que en el año 2014 se adhirieron un 4,6% más de estudiantes a los programas de FP respecto al año 2013, de forma que un 34% de estudiantes de postsecundaria tomaron esta vía en detrimento de los estudios superiores.

En cuanto a los contenidos de los grados universitarios, resulta evidente el énfasis ideológico existente en los mismos. Las carreras de humanidades se dividen y separan en virtud de una supuesta especialización que esconde la tesis idealista de no considerar la realidad como una totalidad en movimiento, sino como una mera yuxtaposición de campos de conocimiento compartimentados y estancos. Por si esto fuera poco, estudios como los de economía, cruciales para llevar a cabo un análisis certero de la realidad, sólo imparten las nociones económicas propias del keynesianismo y del liberalismo.

Está dinámica no es casual y responde a un motivo concreto: los tentáculos del capitalismo monopolista de Estado tienen secuestrada a la universidad y la han puesto a su servicio. La convivencia entre el capital privado y los órganos directivos de las universidades ha reducido al mínimo la capacidad de decisión de la comunidad educativa. Sólo a través de la movilización popular espontánea (a falta de una organización de vanguardia que consiga catalizar todas esas luchas con un frente común de clase), ha conseguido frenar o retrasar la implantación de medidas ampliamente rechazadas como la LOMCE o el 3+2.

Una medida efectiva para lograr una mayor independencia de la universidad respecto a los poderes del Estado, además de conseguir que ésta devenga una unidad orgánica con el resto de reivindicaciones populares, sería seguir el espíritu de la reforma universitaria emprendida en Córdoba, Argentina, en el año 1918. Impulsada originalmente por las capas más pauperizadas de la clase trabajadora, inmigrantes de primera y segunda generación, la reforma emprendida en 1918 supuso un hito importantísimo en el marco de la lucha de clases en Latinoamérica. Ésta daba protagonismo al conjunto de la comunidad educativa a la hora de decidir los contenidos y la estructura misma delos órganos directivos, además de tratar de articular el movimiento estudiantil en un frente más amplio, evitando un aislamiento de las demandas de los estudiantes respecto a las del resto de las clases populares.

Después de por una parte esbozar un marco general de la ofensiva que lleva a cabo el capital contra el colectivo estudiantil, que no hemos de perder de vista son los futuros trabajadores que engrosaran la maquinaria del sistema, y por otra parte rescatar una experiencia de lucha y confrontación desde Argentina que fue un intento de apoderamiento de las bases, en este caso estudiantiles, es necesario señalar unos aspectos que se pueden ver en el caso más cercano que tenemos, la URV en Tarragona, centrándonos primero en los estudiantes y luego en los profesores.

Centrándonos en los alumnos, lo que ocurre una vez entran en la universidad, lo hacen de dos formas, físicamente y mentalmente, la parte física entran en el recinto y luego en las aulas de modo que el proceso de aprendizaje se hace separado en una habitación, pero la parte fundamental es la entada mental en la universidad debido a la forma de educar, tragar de memoria el conocimiento dado unilateral mente por el profesor y luego vomitándolo en exámenes y trabajos que deben estar hechos al criterio ultimo del profesor de turno. Esta dinámica provoca que a la larga la persona inconscientemente sea moldeada por el sistema para ser en esencia un engranaje más de la maquinaria.

En el caso de los profesores, en el caso de la universidad, cumplen la función como docentes de moldear a estas nuevas piezas del sistema por un lado y como investigadores son los productores de nuevas mercancías intelectuales para que luego la burguesía las use como mejor le convenga.

Para luchar contra esta situación es fundamental romper la autarquía y el aislamiento que tiene la universidad, puesta como una torre de marfil donde se da una mirada neutra y objetiva de la realidad, no es más que una mentida por parte de la visión positivista burguesa. Esto solo se puede dar si las reivindicaciones estudiantiles y las contradicciones que tienen los intelectuales de la universidad se conectan con la lucha y la realidad de los trabajadores y el resto de clases populares.

 

Gabriel Arqué y El Xiquet del Pa

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