1º de Mayo: ¿No toca reflexionar e inventar?


Una vez más, en Tarragona, hubo dos concentraciones seguidas de sendas marchas. Una a la mañana y la otra por la tarde. La primera organizada por CCOO y UGT y la vespertina por la Plataforma Anticapitalista en cuyo seno se agrupan alrededor de una docena de colectivos de signos políticos ideológicos afines y no tanto. Diverso.

Dos manifestaciones y una sola clase obrera. Tiene sus razones pasadas. Otra cosa es que dicha bifurcación sirva hoy (¿y ayer?) al avance de la conciencia de la clase obrera y su necesaria organización unitaria para el combate contra la burguesía y su estado. Toda táctica política debe y necesita ser analizada y evaluada según el contexto que marca la lucha de clases de cada coyuntura y según sea adecuarla, corregirla y si es el caso, descartala. La táctica a seguir -señaló Lenín-, debe ser el resultado del “análisis concreto de la situación concreta”. Veamos.

Asistimos a una ofensiva política, económica y social profunda por parte del capital internacional vehiculizada por los aparatos del Estado burgués – UE-Español-Generalitat- Municipal-, contra la clase trabajadora. Ofensiva que beneficia en exclusividad a los poderosos de las finanzas y la producción. Es un ataque que viene desde lejos en el tiempo, pero es a partir de la crisis de 2007/8 cuando se profundiza. Frente a esto el proletariado revolucionario y las organizaciones de izquierda que aspiren a dirigir al campo popular tienen el deber y la obligación de jugar un rol de vanguardia en todos los planos en que se desarrolla la lucha de clases teniendo en cuenta que la modalidad, el grado de violencia y represión de cada lucha en particular (precariedad, despidos, eres, multas, juicios, cárcel, tortura,…), lo decide el enemigo de clase.

Esta exigencia y necesidad de dotar a las luchas y resistencias de tácticas capaces de responder en cualquiera de los planos, formas y métodos que emplea la burguesía en la guerra declarada a los trabajadores para privarlos de todo derecho, no tuvo lugar en la agenda de este 1º de Mayo. En ninguno de los muchos manifiestos leídos, ni en las actividades realizadas previamente y enmarcadas en la campaña de agitación y propaganda diseñada por los responsables de las dos convocatorias. Penosamente resultó el hecho que una de esas actividades tenía por objetivo era -y así se difundió-, el abordaje y debate de esta necesidad y lo que en absoluto se pudo hacer fue abordarse esta crucial cuestión.

Si comparamos los contenidos de los manifiestos leídos en la convocatoria de la mañana –dos- y los muchos de la concentración de la tarde, en poco y nada se pueden encontrar diferencias. Todos fueron descriptivos de la situación por la que atraviesa la clase obrera, para después pasar a reclamar respuestas y soluciones al estado. En ningún momento nadie planteó la imposibilidad que tiene el orden social capitalista de dar respuesta real a los reclamos que se le hacen, por lo que, la praxis que realizan es moral y no política aunque lo pretendan. ¿En éste debe ser que se le pide al Estado Burgués, que cabida tiene la búsqueda de SER clase trabajadora políticamente independiente?

Una de las razones de la escasa participación y combatividad de la masa trabajadora es esa política moralizante que se les propone. Los obreros sabemos que de la patronal y de su estado nada debemos esperar. Menos en plena crisis sistémica. Que la lucha sólo cuenta con posibilidad de victoria cuando se posee herramientas que puedan responder al enemigo de clase en el plano y nivel que lo plantee y no solo por el cauce de lo permitido.

Mejor dicho, de lo que nos permite el enemigo.

Tácticas políticas elaboradas por un extendido marxismo vulgar ha sido causa y lo sigue siendo de derrotas desmoralizantes en las filas trabajadoras. Se arrastran y perduran desviaciones ideológicas y políticas del pasado que es urgente corregir. Por lo que se termina cayendo en una praxis militante contemplativa, economicista, evolucionista, y por tanto, oportunista; y en los hechos, que es lo que cuenta, terminan sirviendo al sistema que nos oprime.

El prometedor discurso al apela la izquierda institucional, se trate de la reformista, rupturista o independentista, obligados por la grave situación social, no engaña a la masa obrera y popular que los escucha y eventualmente los votan como mal menor, pero no le hacen lugar en sus corazones. La crisis, entre otras cuestiones, desenmascara las inconsecuencias políticas y las debilidades ideológicas que campean en el campo popular.

Reformismo o Revolución. Dos vertientes que tienen una relación dialéctica. No hay reformas progresistas duraderas en el capitalismo sin una política guiada por un objetivo revolucionario –el socialismo- y que cuente con la adecuada estrategia y dirección revolucionaria y fogueada en cientos de lances. Estrategia que necesita y debe contar con la capacidad de confrontar en todos los planos, campos y métodos a los que recurre el enemigo de clase para conservar su dominación.

La crisis del 2007/8 fue el inicio de una nueva fase del modo de producción capitalista al que los trabajadores no podemos seguir enfrentando, como se viene haciendo, con lógicas políticas cortas, meramente reivindicativas de un derecho perdido. Hoy, más que cuando Rosa Luxemburgo lo escribió, la opción es Socialismo o Barbarie. Y llegar al socialismo y construirlo es tarea exclusiva, propia e inherente a la clase obrera.

Lo dicho hasta aquí es posible que sea suscrito sin muchas pegas por gran parte de la militancia de la ciudad, pero en la práctica prevalece una concepción partidista (sectaria) y de la actividad política real y concreta no presta una atención sistemática a la organización por abajo y a la implantación territorial.

Se dice con la boca y se escribe en el papel que la política está en la calle. En los lugares de trabajo, en los barrios. Que hay que trabajar a largo plazo. Sin embargo, es llamarse a engaño no aceptar que para cumplir con ello hay que producir un giro de 180 grados en la praxis realmente sostenida hasta hoy.

Viraje que no tendrá lugar sin un franco y sincero debate de cómo construir y avanzar. De poner abiertamente que el socialismo es el objetivo a alcanzar. Que a él no llegaremos sin trazar una estrategia cuya dirección esté en manos de una dirección revolucionaria. Que es necesaria una formación teórica individual y colectiva sistemática y duradera en el tiempo. Sin asumir teórica y prácticamente que la lucha de clases es el enfrentamiento entre dos clases antagónicas, la burguesía y la clase obrera y tal lucha se resuelve en el terreno de la producción y que las cuestiones identitarias son consecuencia de la contradicción fundante para que no actúen como factor de desunión en la clase obrera.

Es lo que echamos en falta de este 1º de Mayo.

Señalamiento que remarcamos con el solo animo de forzar la recuperación del espacio que en un pasado no lejano, algunos clausuraron sin beneficio para ninguna de las partes.

 

Eduardo Fernández

Mayo 2017

 

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