Sí a la universidad popular


Burocracia y poder estudiantil

‘’Si conocemos las causas y los efectos del burocratismo, podemos analizar exactamente las posibilidades de corregir el mal. De todas las causas fundamentales, podemos considerar a la organización como nuestro problema central y encararla con todo el rigor necesario. Para ello debemos modificar nuestro estilo de trabajo; jerarquizar los problemas adjudicando a cada organismo y cada nivel de decisión su tarea; establecer las relaciones concretas entre cada uno de ellos y los demás, desde el centro de decisión económica hasta la última unidad administrativa y las relaciones entre sus distintos componentes, horizontalmente, hasta formar el conjunto de las relaciones de la economía.1’’

Los recientes desafíos a la comunidad educativa planteados por la Unión Europea con la complicidad servil del gobierno, tales como el 3+2, LOMCE, o anteriormente Bolonia, han sacado a la palestra la poca capacidad de decisión de los estudiantes en los órganos de decisión de la universidad y la existencia de una burocracia arraigada en lo más profundo de las instituciones educativas con unos intereses autónomos, incluso contrapuestos, a los del alumnado de clase trabajadora.

Basta con recordar incidentes como los sucedidos en la Universidad Complutense de Madrid a raíz de la huelga de estudiantes de marzo de este mismo año, cuando el rector autorizó la entrada de personal antidisturbios para sofocar los piquetes que impedían la entrada al centro.

La brecha entre los intereses de los estudiantes y los de la dirección de las universidades se hace patente y viene cristalizada formalmente en la LOE.

Aprobada con iniciativa del Partido Popular y mantenida en el tiempo por el último gobierno del PSOE, la Ley Orgánica Universitaria da la capacidad a las directivas de los centros de limitar enormemente la capacidad de decisión y actuación de los estudiantes, convirtiendo a la dirección de la universidad en una correa de transmisión del capital monopolista para aplicar sus políticas en la universidad. Los votos de los catedráticos y de determinados sectores de los cargos de los centros cuentan tienen prioridad a los votos de los estudiantes. Esta clase de hechos genera unas dinámicas corporativistas y abre la puerta a la concesión de tratos de favor y demás prácticas opacas.

La situación toma tintes catastróficos cuando se conocen datos como los que hacen referencia a la cantidad de estudiantes que dejan la universidad porque no son capaces de afrontar los gastos de matrícula. Se han registrado la entrada de hasta un 7,3% de estudiantes menos en la universidad en el año 2015 respecto al 2012. Conforme la crisis económica profundiza en los sectores más pauperizados de la clase trabajadora, más alumnos de hogares humildes se han visto empujados a la Formación Profesional. Las sucesivas reducciones de las becas y el aumento del coste de las tasas se aplican en los centros con el beneplácito de los dirigentes de las universidades, haciendo caso omiso a las reclamaciones de los estudiantes. Ha sido, precisamente, la lucha de los estudiantes organizados la que ha impedido o retrasado la implementación de las medidas neoliberales encaminadas a subordinar aún más a la universidad a los intereses del capital.

La necesidad de suprimir a la burocracia y construir una universidad realmente popular es una asignatura de obligado cumplimiento para los estudiantes de clase trabajadora. Basta con recordar la pulsión del Mayo del 68 en contra de los burócratas acomodados en los puestos de dirección de la Sorbona y a favor de una disposición horizontal de la vida pública en la construcción del socialismo.

 

Gabriel Arqué García

 

1Ernesto, Guevara. (1963). Contra el burocratismo, Cuba.

 

image_pdf

Be the first to comment

Leave a Reply

La teva adreça no serà publicada.


*