Argentina 2 x 1. Un paso atrás, dos adelante.

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La sentencia 2×1 traía reminiscencias tangueras. Un tango crudo y despojado, ni irónico siquiera. Súbitamente la tristeza tanguera muta en carnaval de multitudes por la fuerza de un acontecimiento, la gigantesca movilización popular del No al 2×1 del 10 de mayo ¿Se puede hablar de carnaval acá, con lo que está en juego? Quizás, si se afirma esta posibilidad abierta por la energía del No al 2×1, la de “un paso atrás y dos adelante”, bella paráfrasis nacida de las entrañas de la movilización.

El fallo de la Corte Suprema de Justicia del 3 mayo, que permitiría reducir de este modo (contabilizando doble cada año pasado en prisión), las condenas a los represores presos por sus responsabilidades en el terrorismo de Estado, ha sido señalado por juristas en toda su inconsistencia, de modo que está en entredicho su viabilidad jurídica. Siendo lo jurídico fundamental , no es menos cierto que viene inserto en un contexto más amplio, plenamente histórico-político, y sus significados trascienden por mucho ese ámbito.

Es que, de un lado está la historia de la lucha argentina por la memoria y la justicia. Esa lucha, en su singularidad, en su inigualable insistencia, ha nutrido las fuerzas para la apertura de las brechas en la dominación que nos legó el terrorismo de Estado, devenido luego neoliberalismo, y por su ejemplaridad no tiene parangón casi en la historia contemporánea. En esta coyuntura histórica del 2×1 y su No, cabe preguntarse un momento sobre los por qué de esta admirable insistencia. Quizás tenga que ver con la profundidad de la politización argentina de los 70, y con la correspondiente intensidad del terrorismo de Estado. Seguramente, tendrá que ver con la radicalidad puesta en juego por las organizaciones de derechos humanos, las Madres, Abuelas, Familliares, Hijos y otras; que no se han limitado históricamente al papel de víctimas, si no que han reivindicado la vigencia histórica del núcleo de justicia de las luchas de los 70, poniendo en juego una operación de memoria no despolitizada, que permite leer la historia en el fluir de su realidad. Esto es, sin ser despojada de su radicalidad, de los deseos emancipatorios que contuvo ni de la comprensión de cada régimen político subsiguiente como respuesta del poder a esas posibilidades, lejos de toda idea deshistorizada de la democracia y los derechos humanos.

Sin estas consideraciones, difícil entender la magnitud y el significado de la movilización contra el 2×1. Porque por otro lado está el macrismo, que justamente ha puesto en juego, entre sus estrategias clave de disputa hegemónica, el negacionismo sobre los efectos del terrorismo de Estado y la banalización de la memoria histórica así politizada, buscando casi invertir el enunciado de Hanna Arendt sobre la banalidad del mal, que tan nitidamente en juego se puso en la Argentina: efectividad burocrática del terror y el exterminio en los campos clandestinos. El macrismo, profiriendo sus propios enunciados sobre “el curro de los derechos humanos”, “la fiesta de la memoria”, “los militantes chorros” y los “negros cortacalles que viven de los planes sin laburar”, enunciados que en su crudeza esconden una fuerte pretensión de efectividad, de hegemonía cultural que desate aquellos nudos que han anudado intimamente a la memoria con las luchas actuales.

El terrorismo de Estado fue puesto en juego en la Argentina para aniquilar las luchas por la emancipación y la soberanía, abriendo con ello la época (como en toda América Latina y buena parte del tercer mundo) de la recolonización neoliberal-financiera. Luego, toda la historia posdictadura está atravesada por el poder disciplinador de la deuda, principal dispositivo de poder puesto en juego globalmente por el neoliberalismo (dictadura global del capital financiero), construido sobre el poder disciplinador previo del terror. Un sujeto aterrorizado que toma deuda y ya no sale de ella. Sin embargo, luego del estallido de la convertibilidad y las jornadas insurrecionales del 19 y 20 de diciembre del 2001 -una insurrección de potentes efectos destituyentes sobre la legitimidad neoliberal-, precisamente y para todo lo que se abrió, la ligazón entre luchas por la memoria y luchas contra el neoliberalismo fue vital (al punto que el kirchnerismo mismo extrajo una fuente fundamental de legitimidad de su vinculación al movimiento por la memoria). Si todo esto fue así, se comprenderá entonces cómo, ahora que el macrismo es el nombre de una operación de reconquista neoliberal, tenga que poner en juego el negacionismo y la banalización.

Asi llega el macrismo, a destruir lo más rápidamente posible los atisbos de soberanía logrados (contradictoriamente) en la etapa previa. No por gusto, a la salida del kirchnerismo, dominaba la escena argentina el problema de la lucha contra los fondos buitres y por una reforma global de los mecanismos de negociación de las deudas soberanas, que la Argentina había incluso llevado a la ONU. No por gusto, el macrismo inmediatamente levanta los controles de divisas, de capitales y comerciales, arregla sumisamente con los fondos buitres, en año y medio re-endeuda la Argentina en casi 80 mil millones de dólares, y todo ello viene destruyendo sistemáticamente un cierto tejido productivo trabajosamente recuperado. Huelga hablar sobre los efectos que esto está teniendo sobre las condiciones de vida populares y las posibilidades soberanas. Así entonces, el macrismo tiene que atacar los núcleos de legitimidad de las resistencias, entre los cuales está sin duda el fuerte nudo que las ata a las políticas de la memoria.

La crisis dos milista de la hegemonía neoliberal fue lograda al calor de esa conjunción, y lo que se abrió potenció a su vez ese vínculo. Son inolvidables los gestos del presidente Kirchner descolgando los cuadros de los represores del Colegio Militar (un gesto único en la América Latina post-dictaduras), y toda la labor (que no nace pero es potenciada y defendida desde los gobiernos kirchneristas) de la reapertura de los juicios por los crímenes de lesa humanidad. Por eso ahora el macrismo es negacionista, porque hay un piso del cual se parte con respecto a la memoria, resistente, intimamente ligado a la lucha contra el neoliberalismo, que sólo puede ser atacado por una estrategia así, de demolición por goteo, banalizadora y disolvente. De todas maneras, hay que decir que a la salida del kirchnerismo, en este plano de las politicas de la memoria y su relación con las resistencias al neoliberalismo, hubo fuertes ambiguedades. Sin poder desarrollar este nodo, es importante para la comprensión de lo que se abre luego del 10 M, porque de ninguna manera su expresión política está dada y todas esas ambiguadades juegan en el tablero.

Como se dice, estas operaciones de reconquista neoliberal no cierran sin represión. Y menos en contextos como los latinoamericanos, donde la precariedad de las condiciones de vida, y por tanto los efectos de cuaquier ataque a las mismas, son aún mayores. El fallo del 2 x 1 vino insertado en un contexto donde el fuerte retroceso de las condiciones de vida populares por las políticas macristas ya es evidente, y en el cual han titilado otros signos ominosos: represión a diversas movilizaciones sociales; encarcelamiento de militantes populares; seguimientos intimidatorios a chicas y chicos; aprietes a testigos de juicios por crímenes de lesa humanidad, hasta el asesinato de una testigo en Mendoza, etc. Sin embargo, también es un contexto de activación de las resistencias, como se evidenció en la cadena de cuatro grandes movilizaciones que hubo en marzo e incluso en los mismos días previos al 10 M, cuando en torno a la condena del 2×1 circuló una diversidad casi infinita de mensajes y videos, que de todas maneras no hicieron presagiar lo extraordinario de la movilización. En fin, ella misma es el dato fundamental, en su inmensidad y diversidad. Hay que calibrar que en Buenos Aires se movilizaron casi 600 mil personas, y en todo el país más de un millón y medio, y que la composición de la movilización fue diversa y múltiple.

De todas maneras, no se puede subestimar la fuerza del macrismo como fenómeno político-cultural. Esta histórica trama de políticas de la memoria/resistencias antineoliberales tiene frente a sí a un adversario poderoso, y los mecanismos de la banalización y el negacionismo seguirán operando desde las tribunas mediáticas y las nuevas cuevas del ciberespacio, porque tienen un sustrato simbólico y material en diversos sectores sociales (de similar manera y por los mismos motivos en que la dinámica del pillaje financiero y la subordinación por la deuda seguirá operando desde sus cuevas en la City, y desde esa gran cueva financiera que es todo el aparato del Estado ahora mismo). El 10 M, sin embargo, parece haber creado un nuevo piso de resistencia. Tampoco se puede exagerar la alegría, el fortalecimiento y la oxigenación que produjo en el ánimo de millones de personas. Parece haber sido uno de esos acontecimientos telúricos que cambian el suelo, porque en medio de la noche macrista visibillizó la enorme latencia de la resistencia popular, la riqueza cultural y subjetiva que han creado las contiendas por la memoria, y el rico sustrato político que ha dejado su intimidad con la resistencia al neoliberalismo. Ahora se puede recoger el desafío del macrismo con más templanza y con una confianza renovada en las posibilidades contrahegemónicas, aunque el cómo se exprese esta potencia políticamente es un problema arduo y en desarrollo.

Esta situación argentina se inserta en una situación latinoamericana (y mundial) de contraofensiva neoliberal, liderada por los Estados imperiales y las grandes corporaciones financieras y mediáticas, con golpes de nuevo tipo y nuevas estrategias de represión de las resistencias y de subversión de los gobiernos populares de los últimos lustros. Nuestras insuficiencias y contradicciones han abierto camino para que en la disputa simbólica (donde la memoria histórica juega un papel fundamental), la operatoria mediática del poder encuentre vías inéditas de modelamiento de las subjetividades, del mismo modo que en la materialidad de la vida la operatoria de las finanzas y la deuda producen una sujeción profunda y sofisticada. Pero no sería la primera que vez que en Argentina (como puede suceder en Venezuela, por ejemplo, con la memoria de la nefasta Cuarta República y de la dignidad chavista), la conjunción entre memoria y resistencia produzca nuevamente una reapertura de la imaginación política, y ojalá el No al 2×1 haya sido un hito propiciador.

 

Diego Ortolani Delfino

 

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