El eterno femenino


“Nada debe verse como natural. Nada debe verse como imposible de cambiar”.

Bertolt Brecht

 

En los tiempos cada vez más acelerados del Capitalismo, las posibilidades permanecen siempre abiertas. En los anuncios, previo desembolso, se vende la posibilidad de no tener que elegir, de no renunciar a ninguna de las múltiples vidas que uno puede exigir si tiene el bolsillo lo suficientemente abultado. Poco menos que la omnipresencia y la eterna juventud a cambio, eso sí, de un cierto número de horas de trabajo propias o ajenas. La realidad parece cada vez más maleable, permanentemente cambiante, una realidad virtual donde se venden “experiencias y sensaciones” más que objetos y donde hasta las relaciones más íntimas se cuantifican e intercambian.

Frente a este panorama de profundo desarraigo de las instituciones tradicionales, la moral, la religión, la familia es de constatar una creciente burocratización de la sociedad. El mercado, cada vez más rápido y volátil necesita de estructuras cada vez más sólidas y violentas en su intromisión en la vida pública y privada, en sus resortes de control y deformación de la persona y la sociedad. La contradicción es meramente aparente. Son la cara y la cruz del mismo proceso de cosificación de las relaciones humanas y de la apariencia vital de mecanismos y objetos. La alienación de los productos de nuestro propio trabajo y la alienación frente al Estado y su burocracia.

El dominio de la forma mercancía en la esfera económica y de la burocracia en la organización social regula todas las facetas de la vida. La normalización del uso de la lógica formal frente a una lógica dialéctica, del cálculo racional frente a la concepción de los seres humanos como una totalidad y unidad de existencia, la predominancia de la forma frente al contenido, del sujeto pasivo y contemplativo frente al sujeto activo que interviene en la realidad, modificándola y modificándose permanentemente.

Esta conquista paulatina de la forma mercancía y de su reflejo burocrático, cuando no se le opone una resistencia consciente y creativa, afecta también a las organizaciones que se plantean como objetivo la liberación. Entre las organizaciones feministas, cómo se puede ver tanto en su producción teórica como en su práctica, podemos encontrar ejemplos en ambos extremos, tanto en la asunción líquida de los principios del mercado, como en la burocratización. Se ha criticado mucho al feminismo performativo y su manifiesta renuncia a cambiar la realidad, así que no entraremos a profundizar estas críticas. Nos parece más interesante centrarnos en la corriente feminista más próxima a las organizaciones de izquierda en su asunción, siquiera parcial, de una postura de clase.

Frente a una realidad compleja como es la sociedad capitalista actual, la lógica dialéctica es una herramienta que nos puede permitir analizar las situaciones que se nos presentan con más visos de entender los engranajes fundamentales, la correlación de fuerzas, poder prever su desarrollo, encontrar sus puntos débiles y desarrollar una estrategia para cambiarla efectivamente. La prevalencia de la lógica formal en el pensamiento feminista se constata por ejemplo en la dificultad para asumir la evolución que se ha producido en las sociedades del centro capitalista durante el último siglo y medio al menos en relación a la cuestión de género.

En este momento, de forma muy diferente a lo que sucedía en el siglo XIX, proliferan las líderes burguesas. Ya sea a la cabeza de un estado, como Angela Merkel o Theresa May, o de un conglomerado de empresas, como Ana Botín. Aceptar que la diferencia salarial entre mujeres de clase alta y obreras es mayor que la que existe entre hombres y mujeres de clase trabajadora[1], no significa negar las desventajas a las que nos enfrentamos las mujeres en el mercado laboral. Aceptar que la institución familiar está cambiando, modificando los roles asignados socialmente a cada género, no implica negar que las mujeres siguen siendo mayoría a la hora de cuidar de los familiares dependientes[2]. Cuestionar el concepto “feminización de la pobreza” no implica negar la pobreza de las mujeres sino señalar que la pobreza de las mujeres está siempre ligada a la pobreza de los hombres, es decir, al progresivo empobrecimiento de la clase obrera[3]. En otras palabras, intentar aprehender la realidad en toda su complejidad no implica negar las injusticias, al contrario, quiere decir darse las herramientas para tener éxito al intentar cambiarlas.

La esencialización del género y su predominancia por encima de cualquier otra circunstancia lleva a una línea política errática y sobre todo, errónea. ¿Quién defiende hoy que lo que determina el comportamiento de Soraya Sáez de Santamaría es el género? Y sin embargo, no más lejos que noviembre pasado la diputada de la CUP Anna Gabriel, en un acto antirrepresivo organizado por la Esquerra Independentista en Tarragona, hacía un llamamiento a las concejalas del PP, el PSOE, Iniciativa y Ciudadanos de esta ciudad para que presionaran al Ayuntamiento y que éste se retirase de la acusación particular del caso Bershka[4].

La cuestión de género es parcial a la hora de entender o esperar un determinado comportamiento de las concejalas. La cuestión primordial es su pertenencia de clase, su posición de representantes en las instituciones burguesas. El hecho de que haya una mayoría de concejalas que defienden que el Consistorio aparezca en el juicio como acusación particular no hace sino confirmar que el hecho de que las mujeres sean mayoritarias en determinados espacios no es garantía de nada.

El análisis de la cuestión de género como una cuestión general, cuando es parcial y como una relación estática cuando es dinámica y está en permanente cambio, lleva a posicionamientos erróneos. Si a eso se le suma una acercamiento acrítico a les instituciones y el estado, las posiciones que se defienden rozan lo reaccionario. Por ejemplo, pedir más efectivos policiales para luchar contra la violencia de género (cuestión parcial) obviando la violencia que estos agentes de la autoridad ejercen en su día a día, dirigida esta vez sí tanto a hombres como a mujeres trabajadores en su objetivo (cuestión general) de mantener el statu quo por encima de todo y de todos. O más policías mujeres.s nuestra responsabilidad darnos las herramientas de análisis y confrontarlas en la práctica revolucionaria[5], para que el objetivo loable de promover la igualdad entre hombres y mujeres, no nos lleve, sin quererlo, a defender al Capital.

 

Inés Torres

 

 

  1. https://www.theguardian.com/society/2013/mar/31/gender-pay-feminism-working-class
  2. La división del trabajo entre los varones y las mujeres forma parte de la división social del trabajo. Desde un punto de vista histórico, se observa que la actual estructuración de la división sexual del trabajo (trabajo asalariado/trabajo doméstico, fábrica-oficina/familia) apareció simultáneamente con el capitalismo, y que la relación salarial no hubiera podido establecerse en ausencia del trabajo doméstico (de paso advertimos que este concepto de ‘trabajo doméstico’ no es ni a-histórico ni transhistórico; por el contrario, su aparición está fechada históricamente). Del nacimiento del capitalismo al período actual, las modalidades de esta división del trabajo entre los sexos, tanto en el salariado como en el trabajo doméstico, evolucionan en el tiempo de manera concomitante con las relaciones de producción (…) Hirata, Helena y Kergoat, Daniele, La división sexual del trabajo. Permanencia y cambio, Asociación Trabajo y Sociedad (Argentina), Centro de Estudios de la Mujer (Chile) y PIETTE del CONICET (Argentina), julio de 1997
  3. “The feminization of Poverty: Myth or Reality?”, Martha E. Gimenez, Social Justice Vol 17, N.º3(42) (Otoño 1990)
  4. Más información: https://es-es.facebook.com/Just%C3%ADcia-Cas-Bershka-1638830413111384/
  5. Tal como Adolfo Sánchez Vázquez la define https://kmarx.wordpress.com/2015/08/16/el-concepto-de-praxis-en-lenin/

 

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