[EDITORIAL] Un desafío para la conciencia


Septiembre de 1867. Octubre de 1917. Octubre de 1967. Noviembre de 2017. Cuatro fechas. Cuatro acontecimientos. Tres muy importantes. La cuarta es una anécdota para nuestro colectivo.

En nuestro breve repaso por el planeta Tierra destacamos el congreso del Partido Comunista Chino que tiene como reto acabar con el hambre en el Gigante asiático; la victoria electoral del chavismo; el plan económico de los BRICS para los próximos 15 años que buscan fortalecer la integración y disputarle mercados a los EEUU y la UE; la guerra en Siria continúa como en otros países del Medio Oriente Ampliado. El capitalismo en su fase imperialista sigue vigente cobrándose la vida de miles de personas. Según Naciones Unidas alrededor de 24.000 personas cada día de hambre o de causas relacionadas con el hambre.

Un repaso rápido. Breve. Escueto. Superficial. Pedimos disculpas. La situación en el Estado español, pensamos, necesita más espacio que en editoriales anteriores. De antemano avisamos que no tenemos soluciones. Confesamos que nos cuesta leer la situación. Interpretarla correctamente. Distinguir qué es apariencia y qué es esencia. No es fácil: hay mucha información dando vueltas. Las decisiones parecen cambiar de un rato a otro. ¿De verdad quienes ostentan el poder a través de quienes gobiernan no saben lo que hacen? ¿la confusión y los mensajes contradictorios entre dirigentes son fiel reflejo de una contradicción real? Si quienes gobiernan, como se dice popularmente, son “tontos” o “no saben lo que hacen” ¿por qué la izquierda revolucionaria no logra captar y hacerse de los engranajes del movimiento real, única posibilidad de adueñarse del Estado burgués para destruirlo? ¿Forma y contenido coinciden o son categorías antagónicas?

A partir de inicios de los setenta, después de la crisis del Mayo Francés, los Partidos Comunistas italiano, francés y español lanzan esta corriente [el eurocomunismo] y abandonan el proyecto de toma del poder, renuncian a la revolución a cambio de permanecer en la legalidad burguesa, en lo que representa una… tergiversación de Lenin.[1]. Abandonar la discusión del Poder supone, también, perder de vista el carácter de clase del Estado. Por eso, en nuestro editorial de marzo de 2017 apuntábamos:

“En referencia a la “Génesis del capitalista industrial”, Marx definía al Estado como “la violencia concentrada y organizada de la sociedad[2]

Utilizando como base el libro El Estado y la Revolución podemos convenir brevemente que el Estado es producto de la sociedad en una etapa determinada de desarrollo. Es decir, su estructura es algo material. Es producto de los seres humanos. Pero no se trata de algo de conciencia o falsa conciencia. Surge del choque. Confrontación. Lucha entre dos clases sociales: burgueses y proletarios. Entre poseedores de capital y poseedores de fuerza de trabajo. Ricos y pobres. “Pero para que esos antagonismos, esas clases con intereses económicos contradictorios, no se devoren entre sí ni devoren a la sociedad en una lucha estéril, se hace necesaria la existencia de una fuerza situada, aparentemente, por encima de la sociedad que mitigue el conflicto y lo mantenga dentro de los límites del ‘orden’”[3]. Al ponerse por encima transmite la idea de lo universal. De lo común a todo. Pero del Estado se apodera la clase más poderosa. Es un órgano de dominación. Y, en última instancia, de coerción.

Cabe señalar, además, que hablar de forma de gobierno no tiene nada que ver con hablar de forma o tipo de Estado. “La forma de gobierno no tiene nada que ver con esto [del Estado] nada en absoluto, porque hay monarquías que no son típicas para el Estado burgués, que se distinguen, por ejemplo, por la ausencia de militarismo, y hay repúblicas absolutamente típicas en este aspecto, por ejemplo, con militarismo y burocracia.[4]

En el editorial del mes pasado escribíamos: “La pequeña burguesía, amplios sectores progresistas y de izquierda olvidaron el carácter de clase del Estado capitalista. No se midió” ¿Por qué decimos esto? Porque “la superioridad del proletariado sobre la burguesía, que le es en todo lo demás superior –intelectualmente, organizativamente, etc.- , estriba exclusivamente en que el proletariado es capaz de contemplar la sociedad desde su propio centro, como un todo coherente, y, por lo tanto, es también capaz de actuar de un modo consecuente con su posición que trasforme la realidad entera. Esa superioridad consiste en que para la conciencia de clase del proletariado la teoría y la práctica coinciden, y en que, por lo tanto, el proletariado es capaz de lanzar concientemente su propia acción como momento decisivo en la balanza del desarrollo humano.[5] La burguesía, o mejor dicho el pensamiento burgués, es capaz de ser crítica con las Partes, los momentos, pero en ningún caso con el Todo.

Por eso hoy, 11 de noviembre de 2017, nos encontramos a las puertas de una nueva contienda electoral de la autonomía de Catalunya. Cuando estábamos a punto de vivir en una República, llevar a cabo un Proceso Constituyente y ser Independientes, cuando había que profundizar en la contradicción y llevar a cabo las reivindicaciones democráticas e ir más allá, hasta las últimas consecuencias, los sectores dubitativos se retiraron. Por eso, aunque el 21-D ganen las fuerzas independentistas, el marco sobre el que gobernarán será totalmente diferente al que vivimos en los primeros días de octubre. El artículo 155 llegó para quedarse, no sólo en Catalunya sino, en todo el Estado español.

Nos sorprende, eso sí, que sectores de la izquierda hayan “comprado” el discurso. Nos preocupa el uso del término pueblo ¿Es un sujeto uniforme o amorfo? Desde el punto de vista marxista “la burguesía y el proletariado son las únicas clases puras de la sociedad burguesa, esto es: ellas son las únicas cuya existencia y cuyo desarrollo se basan exclusivamente en el desarrollo de producción moderno, y sólo partiendo de sus condiciones de existencia es imaginable incluso un plan para la organización de la sociedad entera[6]. También nos preocupa el llamado a la “desobediencia” de las masas a pesar de que no hay una organización capaz de acompañarlas. E incluso el llamado a la organización de “Mossos i policies locals, si, fins i tot elles.”[7] en defensa del ¿Pueblo o la clase trabajadora? Nos preocupa todo esto porque “la conciencia de clase de la burguesía , aunque sea capaz de reflejar con toda claridad los problemas de la organización de ese dominio , de la transformación y la penetración capitalistas del conjunto de la producción, tiene necesariamente que oscurecerse en el momento en que aparecen problemas cuya solución rebasa ya el ámbito de dominio de la burguesía, el capitalismo[8]. La lógica del “Proces” se mueve dentro de los límites democrático burgueses. Y sus límites están dados por la fase imperialista por la que atraviesa el capitalismo, sistema que se alza sobre la propiedad privada de los medios de producción. Nos dicen que esto va de “democracia” pero ¿Democracia para quién?

Hemos vivido una moción de confianza superada por Puigdemont y la aprobación de unos presupuestos neoliberales –ambos con el apoyo de la CUP-CC- a cambio de una República. Hoy se reconoce que no se hizo el trabajo ¿a quién cabe exigir la responsabilidad? ¿quién la asume?. Nunca es tarde para la autocrítica pública y abierta.

Comenzamos este editorial con tres fechas importantes: 150 años de la primera publicación de El Capital, Cien años de la Revolución Bolchevique y cincuenta años del asesinado del Che Guevara: todos tuvieron como objetivo la revolución con carácter socialista. El objetivo sigue vigente.

Hay que pensar una izquierda continental que no opere en un sólo país. Fidel Castro, dijo alguna vez: “¡Nuestro campo de batalla abarca sencillamente todo el mundo!”. Hoy en día, la opción es reconstruir una izquierda articulada a escala internacional (pues el capitalismo es un sistema mundial con un mercado mundial, monedas nacionales o regionales pero con un dinero mundial, empresas industriales, bancos y firmas que operan a escala internacional y alianzas político-militares que también son internacionales). Una izquierda que no se limite a las instituciones y que se anime y se proponga manejar todas las formas de lucha. Ese es el gran desafío[9].

 

La Granja

Noviembre 2017

 

PD: ¡El acontecimiento anecdótico es nuestro número 40 de Espineta amb Caragolins!

  1. Néstor Kohán https://www.lahaine.org/mundo.php/el-che-guevara-frente-a 8/11/2017
  2. El Capital, Libro I, tomo III, Cap. XXIV; Pág. 244, Akal
  3. El Estado y la Revolución, Lenin; Obras Selectas, Tomo II, Pág. 128; Ediciones IPS.
  4. La Revolución proletaria y el renegado Kausky; Lenín, Obras Escogidas, Tomo 3, Pág. 70, Editorial Progreso 1970
  5. George Lukacs; Historia y conciencia de clase; Pág. 172; Ediciones RyR
  6. George Lukacs; Historia y conciencia de clase; Pág. 160; Ediciones RyR
  7. https://assumiraslaveudunpoble.wordpress.com/2017/10/23/com-satura-el-155/
  8. George Lukacs; Historia y conciencia de clase; Pág. 153; Ediciones RyR
  9. Néstor Kohán https://www.lahaine.org/mundo.php/el-che-guevara-frente-a
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