Navengando entre contradicciones, buscando un faro


“Lo dificil de entender, para quien no viva la experiencia de la Revolución, es esta estrecha unidad dialéctica existente entre el individuo y la masa, donde ambos se interrelacionan y, a su vez, la masa, como conjunto de individuos, se interrelaciona con los dirigentes.

En el capitalismo se pueden ver algunos fenómenos de este tipo cuando aparecen políticos capaces de lograr la movilización popular, pero si no se trata de un auténtico movimiento social, en cuyo caso no es plenamente lícito hablar de capitalismo, el movimiento vivirá lo que la vida de quien lo impulse o hasta el fin de las ilusiones populares, impuesto por el rigor de la sociedad capitalista. En ésta, el hombre está dirigido por un frío ordenamiento que, habitualmente, escapa al dominio de su comprensión. El ejemplar humano, enajenado, tiene un invisible cordón umbilical que le liga a la sociedad en su conjunto: la ley del valor. Ella actúa en todos los aspectos de su vida, va modelando su camino y su destino.”

El socialismo y el hombre en Cuba (1965) – Ernesto ‘Ché’ Guevara.

 

Ante la realidad política catalana, que muestra en el desarrollo del proceso independentista su expresión más visible (aunque no la única), las diferentes organizaciones sindicales también se han posicionado. Este posicionamiento se ha ido materializando en la medida que se les ha ido reclamando, haciendo visible una total falta de iniciativa. Esta no se justifica, como hay quien intenta hacernos creer, por la complejidad del momento que se esta viviendo, ni por la diversa composición identitaria que se da en el seno de estas organizaciones. Esta falta de iniciativa es palpable también en el día a día de las relaciones laborales, en un ámbito en el que estas organizaciones dicen sentirse más “capaces” de entender la complejidad de las relaciones sociales. En un caso y en otro, esta falta de iniciativa no es más que la forma en la que se expresa la carencia de un análisis de clase capaz de atender la realidad a la que nos enfrentamos desde nuestra ubicación social como trabajadores y trabajadoras.

En el caso que nos ocupa, la aparición de las organizaciones sindicales tiene su máximo exponente en las fechas del 3 de Octubre y el 8 de Noviembre. Ante ellas, encontramos tres posturas:

Los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, fieles a su concepción de ubicarse como la rama social del Estado, acuden al rescate de la institución siempre que esta les llama. En el caso del 3 de Octubre, para renegar de la huelga general convocada por el sindicalismo alternativo e instalar el concepto de paro de país impulsado desde las instituciones catalanas, eliminando de la mayoría de centros de trabajo el carácter de clase de la convocatoria. El 8 de Noviembre, una vez implementado el artículo 155 que traslada las competencias de la Generalitat al gobierno del Estado, para rechazar frontalmente la convocatoria de huelga, llegando a cuestionar la legalidad de la misma.

Las organizaciones sindicales más vinculadas a las instituciones catalanas, o al movimiento independentista en términos generales, han venido ofreciendo una herramienta propia de los trabajadores y trabajadoras, como es la huelga general, a las necesidades de la estrategia impulsada por el movimiento independentista y renunciando por completo a toda iniciativa en la movilización. Vemos sindicatos como USTEC, que siendo mayoritario en el sector de la enseñanza fué incapaz de secundar la huelga del sector previa a la aprobación de los últimos presupuestos de la Generalitat, convocando junto con la intersindical CSC continuas jornadas de huelga, la mayoría sin ser publicitadas ante los trabajadores y desconvocándolas pocas horas antes porque no se adecuaban a la estrategia que marcaban las instituciones en cada momento.

Capítulo aparte merecen las posturas asumidas por el anarcosindicalismo. Siendo Catalunya uno de los territorios del Estado en los que su propuesta sindical tiene mayor inserción. Pese a su larga tradición de luchas contra la patronal y el Estado, fué necesaria la aparición en el territorio del Principat de miles de integrantes de las fuerzas represivas para iniciar el debate sobre como posicionarse ante la realidad política del momento. Ante el reclamo de otras organizaciones del ámbito independentista se forzaron los plazos de decisión para llevar adelante la convocatoria de huelga del 3 de Octubre, abriendo en el interior del sindicalismo libertario múltiples brechas que serán dificiles de cerrar en el corto plazo. Aceptando sumarse a una movilización con una profunda división interna y justificando las contradicciones que les supone el hacerlo con el hecho de que tambien se enfrentan a otras contradicciones de carácter interno pendientes de resolver que no les hacen caer en el inmovilismo. Cabe preguntarse hacia donde se avanza sin haberlas resuelto. Tras pregonar el éxito de la convocatoria del 3 de Octubre, sugiriendo que el paro de país tenía como intencionalidad minimizar su actuación (y no la de otras organizaciones políticas) y sugiriendo que ya no era necesario contar con el sindicalismo mayoritario para sostener una convocatoria de huelga cuantitativamente exitosa, se echa de menos una revisión de esa lectura tan positivista tras el desarrollo de la huelga del 8 de Noviembre.

Como señalabamos al inicio de este artículo, estos posicionamientos no son ajenos a la práctica de las distintas organizaciones sindicales en su realidad cotidiana. Ya sea en el enfrentamiento con la patronal en los diferentes centros de trabajo, o en su propio desarrollo interno. Parafraseando a Lukács, “la posibilidad de entender el sentido del proceso histórico como algo inmanente, interno al proceso mismo, en vez de atribuirlo a un material en sí ajeno a la sensibilidad, como dación mitologizante o ética de sentido, presupone una consciencia altamente desarrollada del proletariado acerca de su situación, un proletariado relativamente muy formado,y, por lo tanto, una larga evolución previa. Este es el camino que lleva de la utopía al conocimiento de la realidad; el camino que lleva desde las finalidades trascendentes de los primeros pensadores del movimiento obrero hasta la claridad de la Comuna de 1871: que la clase obrera no tiene ideales que realizar, sino que tiene simplemente que poner en libertad los elementos de la nueva sociedad; es el camino que va de la clase respecto del capital a la clase para sí misma”[1].

Si bien en las luchas por sus condiciones de trabajo, los trabajadores y trabajadoras no se enfrentan a las causas de la explotación, si no a sus consecuencias; estas experiencias suponen un terreno propicio para profundizar en el conocimiento de la realidad social. Ese conocimiento se consuma al descubrir el punto de vista de clase del proletariado, punto a partir del cual se hace visible el todo de la sociedad. Porque para el proletariado es una necesidad vital, una cuestión de vida o muerte, conseguir completa claridad acerca de su situación de clase.

Actualmente, el accionar principal de las organizaciones sindicales no tiene como presupuesto necesario el profundizar en ese conocimiento. Cuestion que nos desarma a los trabajadores y trabajadoras a la hora de enfrentar un sistema movido por la lógica del valor, que acaba por amenazar a todos sus miembros con los desastres que produce. Consideramos necesario abordar este debate al interior de las organizaciones sindicales pues de su resolución dependerá, en gran medida, el encontrar la orientación que permita, en cada momento dado, determinar concretamente la actuación correcta desde el punto de vista y en interés del proceso real de nuestra liberación.

 

Manuel Villar

 

 

  1. Georg Lukács – Historia y conciencia de clase (1923)

 

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