No habrá paz para el medio ambiente, mientras haya capitalismo


[…Todo lo que contribuya hoy al subdesarrollo y la pobreza, constituye una violación flagrante de la ecología…]

[…Es necesario señalar que las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente. Ellas nacieron de las antiguas metrópolis coloniales y de políticas imperiales que, a su vez, engendraron el atraso y la pobreza que hoy azotan a la inmensa mayoría de la humanidad…]

Fidel Castro Ruz[1].

 

Hace ya muchas décadas que corren ríos tinta sobre el catastrófico deterioro medio ambiental y el cambio climático al que nos enfrentamos. Los números son terroríficos, el escenario, dramático. Una subida de la temperatura media del planeta de un grado en la temperatura media del planeta, que ha provocado sequias y catástrofes naturales matando a millones de personas, la mayoría en países pobres[2]. La desertificación avanza imparable, cada año desaparecen 24 billones de toneladas de suelo fértil, provocando hambrunas que matan a millones de personas cada año solo en África. La contaminación atmosférica se ha multiplicado en el último siglo y hoy en día el 88% de las muertes prematuras causadas por la contaminación se producen en países de ingresos bajos y medianos[3].

Ante este panorama, los grandes líderes mundiales se desplazan en enormes vehículos blindados hasta fastuosas cumbres sobre el clima, energía limpia, agricultura sostenible, o ciudades ecológicas, para tratar de afrontar uno de los mayores retos del siglo XXI. En ellas, dan grandilocuentes discursos sobre lo importante que es producir energía limpia, o dejar contaminar este insignificante planeta en el que vivimos. Las vías de solución que nos plantean son, a grandes rasgos, presupuestos con mucho ceros para investigación, educación ambiental y acuerdos para la restricción de emisiones contaminantes que, en muchos casos, se convierten en coacciones para los países en vías de desarrollo, papel mojado para los países con poder internacional y suculentos bonos de emisiones para especular en los mercados financieros[4]. Poco se habla de lo dañino que es el extractivismo, el injusto reparto de la tierra, la deslocalización de industrias contaminantes, la privatización de los bienes comunes o de las consecuencias climáticas de la globalización[5].

Las medidas que se consensuan y los acuerdos que se alcanzan en estos grandes actos, y su posterior aplicación práctica, resultan absolutamente inútiles para paliar, y mucho menos revertir, la enorme catástrofe ecológica hacia la que nos precipitamos.

Pero su inutilidad no tiene que ver con que las medidas sean blandas, los acuerdos de mínimos, o la falta de castigo a su incumplimiento, sino con los valores e ideas que interesa promocionar. Su función no es mejorar la calidad de vida de los terrícolas, ni permitir la regeneración medio ambiental, sino expandir el ciclo de producción, crecimiento y consumo en un “nuevo mercado de lo sano, ecológico y sostenible” en los países ricos, explotando al resto de países. No se implementan políticas para reducir el consumo real de energía o para prohibir la obsolescencia programada, se nos dice que compremos bombillas de LED, electrodomésticos de última tecnología y que reciclemos los envases.

Así, en el primer mundo los supermercados se llenan de caros alimentos “sin huella de carbono”, las ciudades de coches híbridos (o eléctricos) de alta gama y surgen cientos de “eco-bio-cosas” para consumir que tranquilizan las conciencias de la pequeña burguesía, mientras les vacían los bolsillos. Este “pseudo-ecologismo” es una industria muy rentable para los capitalistas y está sometida a las mismas lógicas y tendencias que el resto: mantener y perpetuar la explotación-producción-consumo de mercancías que, a la larga, es insostenible para los ecosistemas y la vida.

Al mismo tiempo, los gobiernos subvencionan el cultivo de transgénicos, que arrasan los entornos rurales de los países más pobres[6]; degradan y encarecen los transportes públicos y nos roban la posibilidad de una verdadera reflexión sobre porqué hemos llegado hasta aquí.

En este contexto, la necesidad de una verdadera revolución ecológica y energética, que cambie por completo el uso que hacemos y la relación que los humanos tenemos con el medio natural es central para la vida. Parar el deterioro medio ambiental y las catástrofes naturales y humanas que provoca, una necesidad apremiante, pero para que tenga éxito, la reflexión debe ser colectiva y girar en torno a la crítica profunda del sistema capitalista bajo el que vivimos y no limitarse a parches que acaban siendo muy rentables para unos pocos.

Debemos empezar a tomar conciencia de que este no es un problema que se deba resolver sólo en una ciudad, ni en un sólo pueblo o en un sólo país, sino un problema que interpela a toda la humanidad. Empezar a organizar lo que producimos en base a lo que necesitamos y no a lo que el capital quiere que compremos, descentralizar la producción de energía, para el extractivismo o que todos tengamos acceso a tecnologías más eficientes que nos faciliten la vida, entre otras muchas. Pero esta transición fracasará si no es socialmente justa y no se planifica en base a las necesidades humanas y no del capital, porque si no, corremos el riesgo de crear un mecanismo más para la coacción y explotación de los pueblos. ¿De qué sirve restringir los vertidos tóxicos en un país, si las industrias más contaminantes pueden trasladarse a otro que si los permite? ¿O de qué sirve producir coches eléctricos cuyas baterías se fabrican con minerales de sangre?

La reflexión será larga, la pelea dura, pero solo tenemos un planeta, y no podemos seguir permitiendo que se lo apropien unos pocos a costa de la vida de los más.

 

Beatriz Cerezo

 

  1. Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, Río de Janeiro, Brasil, 12 de Junio de 1992.
  2. http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs266/es/
  3. Calidad del aire y salud (OMS) http://www.who.int/phe/health_topics/outdoorair/es/
  4. http://unfccc.int/kyoto_protocol/mechanisms/emissions_trading/items/2731.php
  5. Espineta amb Caragolins, Enero, nº 32, pag. 23, “A vueltas con la contaminación”
  6. Porqué los cultivos transgénicos son una amenaza a los campesinos, la soberanía alimentaria, la salud y la biodiversidad en el planeta. Ana María Primavesi, et al. 2014, www.alainet.org/es/active/76040
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