[EDITORIAL] Mirando el 2018

Foto de Marc Puig i Perez via Flickr (CC)

Febrero de 2018. Primer mes de un nuevo año. No hubo interrupción violenta, corte o borrón y cuenta respecto a 2017. Como tampoco lo hubo cuando se nos fue nuestro compañero y amigo Xupi hace tres años: en Espineta amb Caragolins buscamos mantener su espíritu de lucha, su desparpajo y su disciplina militante. No es fácil. Pero lo intentamos en cada editorial, cada artículo, cada píxel y en cada impresión.

En éste espacio buscamos la continuidad del relato. No renunciamos a nuestra historia a pesar de los numerosos errores cometidos. Tampoco nos creemos ni nos pensamos los primeros en algo. No. Somos herederos de numerosas historias heroicas de lucha y reivindicación. Reivindicamos la ortodoxia frente al dogmatismo. Porque “marxismo ortodoxo no significa reconocimiento acrítico de los resultados de la investigación marxiana, ni “fe” en tal o cual tesis, ni interpretación de una escritura “sagrada”. En cuestiones del marxismo la ortodoxia se refiere exclusivamente al método. Esa ortodoxia es la convicción científica de que en el marxismo dialéctico se ha descubierto el método de investigación correcto, que es método no puede continuarse, ampliarse ni profundizarse más que en el sentido de sus fundadores. Y que, en cambio, todos los intentos de “superarlo” o “corregirlo” han conducido y conducen necesariamente a su deformación superficial, a la trivialidad, al eclecticismo”[1]. Esos intentos de “superación” van desde Eduard Bernstein –“padre” de la socialdemocracia- hasta la actualidad con Negri, Holloway, Alba Rico, etcétera y las diferentes expresiones o partidos políticos que buscan vestir de rostro humana al sistema capitalista: Podemos en un ejemplo a nivel estatal. A 10 años de la crisis de 2007-2008 ninguna de estas metálicas post[2] o expresiones políticas han logrado sacarnos de la crisis y mucho menos ofrecer una estrategia que permita superar el capitalismo sin Revolución.

Es difícil saber con exactitud que nos deparará el 2018. Muchos menos acertar en lo formal, en lo aparente, en lo superficial. Pero el contenido, la esencia, el fondo podemos esbozarlo.

El mundo multipolar es un hecho. EEUU ya no controla el mundo a su antojo. En términos económicos China le roba mercados. En términos diplomáticos está sufriendo reverses importantes. En términos militares la derrota en Siria a supuesto un importante toque de atención. Por eso, más allá de la retórica guerrerista de Trump, desde este espacio intuimos una distensión en cuanto a conflictos bélicos, el acercamiento entre Corea del Sur y Corea del Norte es un síntoma. Esto no quiere decir que los polos emergentes –China, Rusia, o los bloques BRICS- convivan en armonía con el polo hasta ahora dominante –EEUU; UE; OTAN-. En absoluto: mientras rija el modo de producción capitalista sus leyes de tendencia seguirán vigentes. La concentración y centralización de capitales -la competencia- es imparable y supondrá una lucha a muerte. Pero, pensamos, que durante el curso del año se manifestará por causes diferentes al enfrentamiento bélico abierto. Las sanciones de la UE a Rusia comienzan a salirle muy caro y no cuenta con un “patio trasero” como EEUU que le suministre los mal llamados “recursos naturales”. Será un año de medir al adversario, de tejer nuevas alianzas, de actualizar armamento, de represión y control al interior de los Estados ¿el ojo del huracán?

La política interior en el Estado español no será una excepción. En varios editoriales, a raíz del Procés catalán, hemos hecho hincapié en el carácter de clase del Estado y en el monopolio de la violencia que ostenta. También en la necesidad de preparar la autodefensa desde una independencia de clase y un proyecto hegemónico: las jornadas del 1 y 3 de octubre en Catalunya y la aplicación del artículo 155 desnudaron el carácter burgués y violento del Estado capitalista. Hablamos de Estado capitalista y no de Estado español –aunque en este caso son lo mismo- porque no sólo es un conflicto nacional: La República Catalana, si es capitalista, también será opresora e intentará devenir en potencia imperialista aunque no lo consiga.

Con el auge del independentismo en Catalunya afloró y se legitimó la derecha a lo largo del Estado, el carácter conservador de amplias capas de la sociedad. ¿Qué pasó en el Principat? el 21D también brotó el conservadurismo: los votos agrupados entorno a Ciudadans, Junts per Catalunya, PSC y PP son muchos más que los que suman ERC, Catalunya en Comú y CUP.

En el número 41 de nuestra revista poníamos los ojos en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de 2017. Volvemos al documento en cuestión: “En España se puede defender cualquier proyecto político siempre que se haga en estricta observancia de la legalidad y con respeto a los derechos y libertades de sus ciudadanos[3].

Traducimos:

“En España se puede defender cualquier proyecto político siempre que se haga obedeciendo, acatando, cumpliendo, respetando disciplinadamente y sumisamente al Poder burgués y sin cuestionar los derechos, privilegios y libertades de los burgueses o empresarios, en última instancia: la propiedad privada”

El artículo 155 no sólo se aplica para frenar al independentismo catalán sino cualquier cuestionamiento al orden establecido.

Repetimos una vez más: el derecho a la autodeterminación es un derecho democrático. No lo cuestionamos. Como tampoco podemos dejar de pensar que el conflicto que se nos está dando aquí es una pugna entre las fracciones burguesas que operan dentro del marco estatal. De ahí la importancia de una organización proletaria, que profundice en las contradicciones de la clase burguesa sin ser plegada a intereses contrarios a la clase que dice representar. Una organización que no sea unilateral en cuanto a la forma de lucha entabla contra el sistema.

Por eso cuestionamos aquellas campañas destinadas a la defensa de las “soberanías”. No sólo por el plural característico de las metafísicas post que fraccionan las luchas, sino también, porque la soberanía se confunde con la liberación/emancipación de los pueblos. La primera se relaciona con un Estado fuerte y la segunda con las clases, etnias, géneros y generaciones.

Preguntamos una vez más:

La Independencia ¿sobre la base de qué modo de producción se piensa erigir?

Un nuevo Estado en la fase imperialista del capitalismo ¿qué posibilidades tiene de ser soberano si no se renuncia al modo de producción capitalista?

En caso de lograrlo ¿en qué consistirá su democracia?

 

 

La Granja

Enero – Febrero de 2018

 

  1. “Historia y conciencia de clase”, Georg Lukács, Pág. 89-90; Ediciones Razón y Revolución.
  2. Recomendamos leer el la obra “Nuestro Marx” de Néstor Kohan
  3. http://www.dsn.gob.es/es/estrategias-publicaciones/estrategias/estrategia-seguridad-nacional-2017 Pág. 20-21 (las negritas son nuestras)
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