[Feminismo] Reflexiones para después de una huelga. Parte 2


El mes pasado tratábamos en un artículo el origen cuestionable y las limitaciones de la huelga general feminista del ocho de marzo. A pesar de que, como argumentábamos en la primera parte de este artículo[1], su uso como tal en 1970 no consiguió alcanzar los objetivos que el propio movimiento feminista se había marcado, a pesar de la capitalización generalizada de la participación masiva por parte de la burguesía y las opciones electoralistas del sistema, a pesar del más que probable uso del feminismo como arma arrojadiza contra los propios trabajadores, a pesar de todo eso, la casi totalidad de los movimientos y organizaciones de izquierda radical y anticapitalista han promovido y defendido esta huelga con una euforia que está lejos de basarse en datos reales.

En el artículo anterior terminábamos con una pregunta. Cómo es posible que hayamos llegado a esta situación? Entramos a explicar cuál es la raíz de este grave error de análisis y a dar algunas pinceladas para intentar buscar una estrategia alternativa.

Un triste regreso a la miseria de la filosofía

Después de la gran ola revolucionaria de principios del siglo pasado, que se cierra con dos guerras mundiales y en nuestro país con una guerra civil, el movimiento obrero vuelve a la calma. El miedo a la revolución ha hecho que las burguesías capitalistas hagan concesiones a los trabajadores, la reconstrucción de la destrucción que trajo la guerra ha hecho ganar millones a las burguesías occidentales y sobre todo a EEUU, entramos en un periodo de estabilidad para el capital que será conocido como Los treinta gloriosos. Como sucede en este sistema, los periodos de alza tarde o temprano son suplantados por periodos de crisis, pero no será hasta la década del 70 que se marcará oficialmente el comienzo de la que será llamada Crisis del petróleo.

En esos años, en el mundo occidental, la clase obrera había sufrido una inmensa derrota. La revolución no se ha propagado por todo el mundo, muy al contrario; millones han muerto durante la guerra mundial; el capitalismo se presenta (si no se sale de las fronteras del mundo “desarrollado”) como un lugar donde una mayoría puede vivir relativamente bien en términos materiales, mejor incluso que el paraíso socialista que parece sufrir enormes contradicciones. Históricamente, el movimiento obrero, si se mantiene a un nivel de conciencia política de la espontaneidad, tiende a reproducir los contenidos inmediatistas y fetichistas de la ideología burguesa, asimilando las soluciones que la burguesía propone para cada periodo concreto.[2] Y en ese momento histórico la derrota en lo político propicia una revisión de los fundamentos mismos del marxismo.

No es evidentemente la primera en la historia de las luchas obreras. De hecho, las revisiones hacia atrás y a la derecha se han sucedido a lo largo de los años y tienden a tomar diferentes formas dependiendo si suceden en épocas de alza o crisis del capital, pero siempre son la expresión ideológica que responde a la visión del mundo burguesa. Los años en que el feminismo toma cuerpo y forma (junto con toda una serie de movimientos que reclaman legítimamente mayores libertades, mejoras materiales e igualad) este rol lo desempeñará una corriente filosófica, el estructuralismo, que rápidamente se hará predominante en el ámbito intelectual mundial y pronto empezará influir en la visión del mundo de las diferentes organizaciones, marxistas o no y por tanto también su expresión política. Proveniente de la lingüística, el estructuralismo acaba abarcando distintas disciplinas, desde la literatura al psicoanálisis y a la filosofía en último término.

El estructuralismo es una corriente diversa[3] , pero hay ciertos rasgos comunes en los autores más influyentes que pensamos vale la pena detallar. Por una parte, el positivismo entendido como la necesidad de abandonar toda subjetividad y todo posicionamiento político para poder conseguir una presunta cientificidad. Por otra parte al agnosticismo, la renuncia a obtener un verdadero saber, excepto en algunas limitadas ciencias particulares. Además, en el caso de algunos autores como Althusser, Sartre, Bloch o Marcuse se utilizan partes del cuerpo teórico de Marx de forma aislada que se hacen servir a una u otra interpretación.

El reformismo espontaneísta y oportunista del movimiento obrero, determinado en última instancia por la capitulación ante la aparente estabilidad y confianza capitalista de la época sigue esta linea y las consecuencias no se hacen esperar. Se hace imposible una ética y una ontología, una explicación totalizadora de la sociedad. El saber se divide y en forma de espejo también el movimiento obrero se divide, la pretensión de cambiar el mundo se desprestigia, las demandas se hacen al estado y a la patronal sin pretender nunca superar a ambos, en el movimiento revolucionario gana terreno la visión reformista, no sin resistencia por parte de los que abogan por la revolución frente a la reforma. El sujeto revolucionario se desvanece, también lo hace la idea misma de que pueda existir una organización revolucionaria que luche contra todas las opresiones.

La cuestión es más compleja, obviamente. El burocratismo que ha anidado en el país líder de la experiencia comunista en el mundo, la URSS, incapaz de exportar el modelo primero a Alemania y luego, siguiendo su vocación universal por todo el mundo, ahoga el proyecto revolucionario. El estructuralismo se impone, como luego el postmodernismo, su triunfo muestra la debilidad en la que se encuentra la filosofía marxista, de tan rica tradición crítica. Aunque, dice Lukáçs: “Veo dos tenencias erróneas y creo que sólo una tercera (tertium datur) puede señalar el camino justo. Por un lado, existen aquellos que pretenden mantener al marxismo en la forma que existía bajo Stalin; de ese modo, pierden toda posibilidad, o por lo menos gran parte de ella para comprender las actuales exigencias (…) Por otro, determinados intelectuales -respetables y convencidos- consideran que el marxismo debe renovarse mediante la aceptación de las concepciones ideológicas occidentales: para que el marxismo se mantenga, dicen, en una forma que corresponda a la de la época moderna, debe absorber en sí la lógica matemática, la semántica, el estructuralismo y sabe dios qué más. Considero esto un absurdo”.[4]

Consecuencias directas para la lucha por la emancipación de la mujer.

El feminismo no sale indemne, nace de hecho de este posicionamiento ideológico, de esta derrota. Y es este posicionamiento ideológico el que divide a la clase obrera, no unas reivindicaciones absolutamente legítimas. Al concederle a una parte del todo una autonomía y una universalidad que no le son propias convierte esa forma aparente en un fetiche. Este proceso de retroceso a la hora de percibir la realidad en su esencia y de actuar políticamente de forma coherente a esa percepción no parará ahí. Los aparentes cuestionamientos “post” no harán más que profundizar en esta postura, iendo de un polo al otro pero desplazándose siempre por la misma línea, la de la ideología burguesa.[5]

Dice la feminista Martha E. Giménez “En la época de auge del movimiento de liberación de la mujer se solían identificar cuatro corrientes principales dentro del pensamiento feminista. La corriente liberal tenía como objetivo conseguir la igualdad política y económica dentro del contexto capitalista; la radical consideraba a los hombres y al patriarcado como causas primeras de la opresión de las mujeres; la socialista, crítica del capitalismo pero también del marxismo que acabó creando las teorías de los sistemas duales, postulando varias formas de interacción entre capitalismo y patriarcado y la marxista, que intentaba desarrollar el potencial de la teoría marxista para entender las fuentes de la opresión de las mujeres en el capitalismo”.[6]

Si no entra dentro de las pretensiones de este artículo entrar a discutir las dos primeras tendencias, si nos interesa profundizar algo más en las dos últimas. La primera, que la autora denomina socialista, ha servido de base ideológica para la mayoría de feminismos que a día de hoy se autodenominan anticapitalistas. En palabras de la autora: “Las llamadas políticas de la identidad remplazaron el foco de atención previamente dado al capitalismo y (entre las feministas marxistas básicamente) a las divisiones de clase entre mujeres. Tras el advenimiento del postmodernismo la clase se redujo a otro “-ismo”, es decir, a otro tipo de opresión, que junto con el género y la raza se convirtieron en una especie de mantra a incluir en cualquier tipo de teoría o investigación a pesar de que, hasta donde yo se la teorización sobre el tema se ha mantenido a nivel de metáforas (imbrincamiento, interconexión, interacción, etc).[7]

La gravedad de que estas conceptualizaciones no se teoricen más allá de utilizar metáforas a modo de descripción, además del hecho de que renuncian a intentar explicar el funcionamiento del mismo sistema que quieren destruir, es que suponen de hecho la negación de la concepción marxista de clase, del sistema capitalista como un sistema de clases y en la práctica la defensa de una política que sólo puede ser reformista, movimentista y espontánea, que sólo puede ser en resumen pro-capitalista, sólo usará las herramientas que el sistema ponga a su abasto y que errará sistemáticamente el blanco en sus objetivos, llevando a un callejón sin salida a todos aquellos que les sigan.

A modo de conclusión

Esta es la situación hoy. Frente a las carencias teóricas que apuntamos del feminismo, el marxismo se presenta como una filosofía sistemática, pero también como una ontología de la naturaleza y del ser social a partir de la cual se levanta toda una concepción del mundo, una ética humanista y materialista que tiene como finalidad la emancipación humana. La pretensión de emancipación de la humanidad no va escidndida de la lucha contra todas las opresiones. Frente a ciertas interpretaciones burocratizantes y a ciertas críticas interesadas, su traducción política, está muy lejos de querer cerrar los ojos a lo que no sea explotación, ni de pretender ignorar las opresiones. Al contrario, como ya defendía Lenin en 1902, hace ya más de un siglo, es responsabilidad de todos los que nos decimos revolucionarios recoger las demandas de todos los oprimidos por el sistema, denunciar las manifestaciones de esas opresiones, que afectan a todas las clases y al hacerlo, fomentar la educación política de la clase obrera[8].

Frente a las políticas reformistas y las teorizaciones parciales hay que salir a confrontar. Pero no conseguiremos que las reivindicaciones legítimas que acaban siendo encauzadas hacia las instituciones dentro del sistema tomen un cariz revolucionario si no somos capaces de mostrar por qué no hay repuesta a la opresión de género en este caso dentro del sistema. Para eso, necesitamos ganarnos la confianza de todos aquellos que se organizan para luchar para mejorar su situación, en la teoría y en la práctica. Es la debilidad, o la directa inexistencia, de una organización revolucionaria digna de ese nombre, la causa más seria de ese culto a la espontaneidad que defienden hoy movimientos como el feminista. Es nuestra tarea principal construir esa organización y foguearnos en la lucha teórica y política. La lucha continua exactamente como antaño, contra todas las opresiones y tratando de aprender de los errores cometidos y de los que en el futuro cometeremos seguro. Al final, como decía Brecht, “La victoria de la razón sólo puede ser la victoria de los que razonan”. Para todas y todos aquellos que se sienten interpelados por este artículo, no queda más que invitarles a ese debate conjunto que nos lleve a acercarnos colectivamente cada vez más a la verdad, siempre desde el respeto, siempre desde la necesidad de la crítica más afilada.

 

Inés Torres

 

 

  1. Ver http://espineta.org/2018/06/11/reflexiones-para-despues-de-una-huelga-parte-1/
  2. Qué hacer? V.I. Lenin, Edición del Ministerio del Poder Poder Popular para la Comunicación y la Información; Venezuela, consultado online aquí http://juventud.psuv.org.ve/wp-content/uploads/2009/05/que-hacer-lenin.pdf
  3. Para una crítica mucho más profunda y detallada sobre esta corriente y sus efectos en la política, recomiendo la lectura de “El estructuralismo y la miseria de la razón” de Carlos Nelson Coutinho, Ediciones Era, México, 1973.
  4. Georgy Lukács, Tutti i dogmatici sono disfattisti en Rinascita, n.º 13, Roma,1968, tal como lo cita Coutinho en el libro antes citado.
  5. Para profundizar sobre las más recientes desviaciones de la teoría crítica marxista, su origen y sus consecuencias, recomendamos leer “Nuestro Marx” de Néstor Kohan, disponible en pdf en la red.
  6. Marxist/Materialist feminism. Martha E. Gimenez https://www.cddc.vt.edu/feminism/mar.html. Todas las traducciones son propias.
  7. What’s material about materialist feminism? A Marxist Feminist critique. Martha E. Gimenez, 2001 https://www.radicalphilosophy.com/article/whats-material-about-materialist-feminism#fnref18
  8. Lenin desarrolla con más detalle las tareas de la socialdemocracia en su libro, Qué hacer, citado antes.

 

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