El virus de la sugestión y el miedo

Coronavirus. Aunque quizás todo el mundo habla de él nunca está de más recordar por qué se llama COVID-19. El nombre está compuesto por “co” por “corona”, “vi” por “virus”, “d” por disease(enfermedad, en inglés) y 19 por el año en que surgió este nuevo brote, identificado el 31 de diciembre de 2019.

La gripe estacional –la utilizamos como referencia- puede ser leve, grave o incluso mortal. La hospitalización y la muerte son más frecuentes en grupos de alto riesgo. Se calcula que las epidemias anuales causan 3 a 5 millones de casos graves y 290 000 a 650 000 muertes.”[1] En el Estado español “Durante la temporada 2018/2019 en España se estimó que 490.000 casos leves de gripe acudieron a las consultas de atención primaria, hubo 35.300 hospitalizaciones con gripe confirmada por ensayos de laboratorio, 2.500 ingresos en la UCI y 6.300 muertes asociadas a la gripe.”[2] El COVID-19 hasta la fecha (13/03/20) registra los siguientes números en el Estado: el número de casos positivos con Covid-19 asciende a más de 3.000, repartidos en todas las comunidades autónomas. Un total de 84 afectados han fallecida.[3]

Tanto en términos absolutos como relativos, a día de hoy, la gripe estacional sigue siendo más peligrosa que el virus COVID19.

Según El País, el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre el Coronavirus “constata que la edad avanzada, los problemas de coagulación de la sangre y los síntomas de septicemia —una respuesta fulminante del organismo para combatir una infección— son los tres principales factores de riesgo a la hora de morir por la Covid-19, la enfermedad provocada por el virus.”[4] Si comparamos los factores de riesgo del Coronavirus con la gripe estacional nos encontramos con que: “1) Personas mayores, preferentemente a partir de los 65 años de edad. Se hará especial énfasis en aquellas personas que conviven en instituciones cerradas; 2) Personas entre los 6 meses y los 65 años de edad que presentan un alto riesgo de complicaciones derivadas de la gripe; 3) Personas que pueden transmitir la gripe a aquellas que tienen un alto riesgo de presentar complicaciones; 4) Otros grupos en los que se recomienda la vacunación.”[5]

En la últimas cuatro décadas, en el Estado español, nunca se cerraron colegios por la gripe estacional a pesar de sus altos índices de contagio y mortalidad.

Teniendo en cuenta las cifras comparativas que conocemos, hasta el momento, entre la gripe estacional y el Coronavirus, la (aparente) transparencia con la que se informa a la población -minuto a minuto conocemos la propagación- resulta cuanto menos inquietante. De una u otra manera se nos induce a participar del juego, a seguir las cifras, a polemizar, a ver qué país nuevo tiene un caso, a intentar buscar una explicación conspirativa, etc. Es una carrera en la cual Covid-19 lleva ventaja. Estamos olvidando que esta pandemia no es sólo sanitaria sino, también, social.

A la hora de analizar el impacto del virus COVID-19 no se puede pasar por alto el estado del sistema público de la salud y el impacto que tuvieron, y tienen, los recortes presupuestarios hasta la fecha. Desde 2009 la Sanidad Pública ha sufrido un recorte estimado de entre 15.000 y 21.000 millones de euros[6]. Esto se tradujo en más 5000 profesionales sanitarios menos[7]. Afrontar una crisis pandémica con el sistema sanitario ya diezmado no es el mejor de los escenarios. Es necesario preguntarse si el colapso del sistema sanitario se debe sólo al aumento de los casos o si está principalmente relacionado con la reducción de personal y camas en los centros sanitarios. No olvidemos que los seguros privados de salud no cubren el Coronavirus por ser una “potencial pandemia”[8] que pondría en riesgos sus suculentos beneficios.

Pero no basta con un sistema público sanitario fuerte si no existe un marco que garantice condiciones de vida digna. Sería necesario un sistema sanitario orientado fundamentalmente a la medicina preventiva y no fundamentalmente a la curativa. Se necesitarían condiciones laborales no precarias que de verdad permitiesen las bajas por enfermedad o los permisos retribuidos por cuidados de familiares. Sería precisa una vivienda digna y una buena alimentación garantizada para toda la población. Todo esto debería ir acompañado de un sistema educativo que también contribuyera a la prevención, no sólo en sus contenidos pedagógicos sino garantizando de forma activa la Educación para la Salud, la higiene y hábitos saludables, en un contexto de ratios razonables en las aulas.

La ausencia de todos estos elementos supone que las medidas adoptados por el Gobierno de la CAM enfocadas a frenar los contagios lejos de ser un alivio para las familias se convierten en un verdadero dolor de cabeza. Es una nueva crisis que se resuelve a costa de la población trabajadora, especialmente las mujeres. Y mientras, ¿Quién cuidará de las hijas e hijos?

La respuesta variará en función del nivel y condiciones de vida de cada persona. Para las familias pudientes la respuesta es relativamente sencilla: externalizarlo -“pago más horas a la canguro”-. Por el contrario, para los sectores más precarios de la sociedad que no tienen un trabajo que les permita ausentarse o, en el mejor de los casos, teletrabajar -asumiendo las familias, cuando esto sea posible, los gastos de luz, agua, calefacción, conexión a Internet, etc.-, o aquellas personas que no tiene familiares desempleados que no sean sector de riesgo, la situación es angustiosa. Dentro de este colectivo es preciso hacer especial mención a quien tradicionalmente lleva a cabo las tareas de cuidados y acumula los trabajos más precarios: las mujeres. La situación se agrava aún más si se trata de mujeres migrantes que no cuentan con una red familiar de apoyo. Ya había una crisis de cuidados, porque el sistema se sostiene en buena medida sobre el trabajo no remunerado realizado fundamentalmente por las mujeres, que en la situación actual se agrava exponencialmente.

Resulta paradójico que se paralice la actividad escolar para evitar el desplazamiento y contacto de miles de estudiantes pero no se paralice el transporte[9], a éste le basta con desinfectarlo diariamente, o la actividad productiva privada que, una vez más, estará subvencionada por el Estado[10]. Es paradójico porque no solo quienes van a trabajar son madres y padres de quienes estudian y luego conviven en un hogar, sino porque, además, suponen miles de desplazamientos y contactos entre personas potencialmente portadoras del virus.

Las paradojas no se circunscriben al ámbito local. A Europa están llegando 20.000 soldados estadounidenses para realizar ejercicios militares en 10 países. Al parecer las fuerzas militares no utilizarán medidas preventivas especiales para evitar el Coronavirus[11]. Parece negligente poner en riesgo a tantas personas teniendo en cuenta no solo los costes humanos sino los costes económicos.

Al mismo tiempo que el Covid-19 ocupa las portadas y pantallas de los grandes medios de comunicación se desploma el precio del petróleo ante el conflicto entre Rusia y Arabia Saudí[12] mientras que aumenta la fuga de capitales de los países emergentes[13].

El teletrabajo, una medida que puede resultar positiva en un marco garantista de políticas de corresponsabilidad o conciliación, se extiende masivamente ahora como una obligación y no como un derecho. Se presenta como solución impuesta y no como opción laboral para conciliar la vida personal y laboral. No hay que perder de vista que de esta forma la burguesía puede aprovechar para la puesta en marcha de una nueva morfología del trabajo buscando ahorrar capital constante, implementando nuevos ritmos[14], en una nueva vuelta de tuerca que persigue ocultar la explotación laboral y aislar a poblaciones enteras[15], potenciando el fetichismo.

Vemos que el teletrabajo es otra práctica que se está ensayando aquí bajo el paraguas de la pandemia. Es verdad que esta modalidad de trabajo posibilita evitar atascos y descongestionar el tráfico, que nos ahorra el tiempo de desplazamiento y puede posibilitar más autonomía para la conciliación. Da soluciones a justos reclamos. Ahora bien, si a esta práctica laboral la enmarcamos en el modo de producción capitalista -no vivimos en otro modo de producción- no podemos perder de vista que la imposición de esta morfología responde necesariamente a mantener la tasa de ganancia. Es por eso que, al menos desde nuestro punto de vista, el teletrabajo tiene otras implicaciones. Por un lado ahorra al empresario el capital constante -edificios, luz, calefacción, gas y demás instalaciones necesarias para albergas a cientos de trabajadoras y trabajadores- que a priori asumirán las personas empleadas ya que trabajarán desde sus casas asumiendo los costes de luz, agua, gas, calefacción, ordenadores, wifi, etc. Evidentemente dependerá del grado de organización, resistencia y lucha que tengamos para poder ver reflejados en nuestra nómina estos gastos.

Luego hay otras implicaciones que son más sutiles pero no por eso menos importantes. Pasamos del “no me quiero llevar el trabajo a casa” a tener el trabajo en casa. Nuestra casa es nuestro puesto de trabajo. Al jefe, o a la jefa, pasamos a verlo en una pantalla, ya sea por video conferencia o email, y le mostramos aunque sea una pequeña parte de nuestra intimidad. La flexibilidad horaria toma un nuevo significado porque la no disponibilidad pasa, en términos objetivos, a no tener posibilidad de acceso a un aparato electrónico -recordemos el cambio que supuso para nuestra intimidad el cambio del teléfono fijo al teléfono móvil-. Aumenta, aún más, el peligro de alienación ante la ausencia de un lugar físico, la empresa o puesto de trabajo al que asistimos cada día, ya que se difumina la percepción del espacio como lugar de opresión.

En Italia las medidas de asilamiento afectan a más de 16 millones de personas. Los desplazamientos quedan prohibidos salvo por motivos de salud y trabajo. Educación, cultura, deporte, ocio, es decir espacios de reunión, quedan restringidos. Solo es posible el contacto entre personas en los puestos de trabajo y en los hospitales. Los oficios que no se pueden desarrollar a través de teletrabajo quedan exentos de las medidas que restringen los desplazamientos. Tampoco se les aplican las restricciones los desplazamientos relacionados con la salud física porque sin salud física es imposible mantener la producción. La fuerza de trabajo debe encontrase sana para seguir produciendo plusvalor.

Giuseppe Conte, primer ministro italiano, declaraba hace unos días que “La medida que firmaremos se puede resumir en la expresión: ‘me quedo en casa. Ya no hay zonas rojas, ni una zona 1 y una zona 2 de la península. Habrá una sola Italia. Una Italia zona protegida”, añadiendo que “Quedan absolutamente prohibidas las aglomeraciones de cualquier tipo”[16]. Las medidas adoptadas recuerdan a las restricciones adoptadas para un Estado de Alarma.

Cierran el Congreso, el Senado, los centros educativos y en Madrid cancelan los Plenos municipales, sin por ahora anunciar medidas efectivas para la conciliación y para aliviar la carga de trabajadoras y trabajadores. Nos han transferido los costes del problema y debemos denunciar las negligencias en todos los niveles de gobierno.

Desde luego que hay que tomar precauciones necesarias para evitar contagios y no subestimar ningún virus ni ninguna enfermedad, más aún conociendo el estado precario del sistema sanitario de salud. Ahora bien, tan importante como lo anterior es advertir que las medidas adoptadas en varias comunidades autonómicas del Estado español y las medidas adoptadas por el ejecutivo italiano, y el uso de las mismas por parte de sus medios de comunicación, propagan el virus de la sugestión y el miedo.

 

Andrés Fernández Peirú

Militante de la organización Trinchera

 

 

  1. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/influenza-(seasonal)
  2. https://www.mscbs.gob.es/ca/profesionales/saludPublica/prevPromocion/vacunaciones/Preguntas_respuestas_gripe_ciudadanos_2019-2020.htm
  3. https://www.lavanguardia.com/vida/20200311/474092268322/mapa-coronavirus-espana.html
  4. https://elpais.com/ciencia/2020-03-10/un-estudio-revela-los-factores-de-riesgo-de-morir-por-el-nuevo-coronavirus.html
  5. https://www.mscbs.gob.es/ca/profesionales/saludPublica/prevPromocion/vacunaciones/Preguntas_respuestas_gripe_ciudadanos_2019-2020.htm
  6. https://www.nuevatribuna.es/articulo/sanidad/diez-anos-recortes-sanidad-publica-espanola/20181109122228157300.html
  7. https://elpais.com/ccaa/2016/01/31/madrid/1454277626_459164.html
  8. https://cincodias.elpais.com/cincodias/2020/02/25/economia/1582640340_647177.html
  9. https://www.elconfidencial.com/espana/2020-03-10/metro-plan_2488680/
  10. https://elpais.com/sociedad/2020-03-10/el-gobierno-adoptara-medidas-para-facilitar-el-teletrabajo-y-evitar-la-expansion-del-coronavirus.html
  11. https://www.voltairenet.org/article209428.html
  12. https://mundo.sputniknews.com/firmas/202003101090729981-arabia-saudi-contra-rusia-la-guerra-del-petroleo-por-la-hegemonia-global/
  13. https://elpais.com/economia/2020-03-09/el-coronavirus-provoca-la-mayor-fuga-de-capitales-de-los-paises-emergentes-desde-que-hay-datos.html
  14. https://www.elperiodico.com/es/economia/20200310/santander-teletrabajar-10000-empleados-madrid-junta-accionistas-7882907
  15. https://www.lavanguardia.com/vida/20200308/474032386473/confusion-cierre-16-millones-personas-italia.html
  16. https://www.lavanguardia.com/internacional/20200310/474070106707/italia-coronavirus-restricciones.html