No hace falta ningún virus para saber que ya vivimos en la barbarie, lo que falta es una brújula para salir de esta


El COVID no discrimina, ¿y el capital?

Quienes queremos, trabajamos y buscamos por todos los medios destruir este sistema inhumano, esta barbarie presente, no podemos caer en las derivas que nos propone el caos y la anarquía del capital, la superficialidad con que nos entrampa el consenso opresor de nuestros opresores y explotadores, debemos pensar y reflexionar, en profundidad, de forma crítica y anti-dogmática, en relación a nuestros intereses como clase, todo lo que no sucede en momentos como este, donde reina una vez más la confusión y la descomposición social profunda, inhumana, individualista y egoísta.

Buscamos pensar desde las raíces de los problemas, con la verdad en todo su esplendor por delante, para permitirnos colocar los pies sobre la tierra a la hora de contrastar el fruto de nuestras acciones. No podríamos comenzar de otra manera a evaluar lo que está sucediendo y lo que va a suceder, antes, durante y después del coronavirus.

Esta nueva etapa de crisis mundial del capitalismo, parece haber encontrado elementos para adelantarse. Auto cultivado, inducido, descontrolado o como fuese, el virus no es el problema… El problema es todo lo que sucede en presencia del mismo, como funciona y responde el sistema, el capitalismo al mismo.

Sería importante hacer un ejercicio inverso, de conciencia, un ejercicio estratégico de pensamiento radical, para comenzar a preguntarse, como debemos hacerlo ante cada uno de los aspectos del funcionamiento social, como en un estadío rumbo a una sociedad realmente socialista/comunista se resolvería, por ejemplo, una pandemia. ¿Podrían existir pandemias en una sociedad realmente socialista/comunista, o el hecho de tener modelos de salud universales y preventivos ayudaría a evitarlos? ¿En caso de existir, como se organizaría la sociedad para combatirla? ¿De la misma forma que ahora en el capitalismo internacionalizado y global?

Son preguntas esenciales para lxs revolucionarios, para lxs verdaderos anticapitalistas al ver, como en cada aspecto descriptivo del mundo en el que vivimos, como en cada crisis fundamentalmente, sea del origen que sea, se viven grados cada vez más propicios para ejercer el caos, la descomposición de la solidaridad, la alienación y la confusión, la falta de iniciativa obrera y popular combinada con miedo, paranoia y terror.

Las variables, la cantidad de efectos colaterales que empantanan, confunden, agobian la claridad de pensamiento ante cada fenómeno como este son inmensurables, enormes. Son tan grandes e incontables como cantidad de palabras contiene un glosario de la academia económica del capitalismo, desde una shit coin a un commoditie, miles de palabras, falsas e incomprensibles categorías para nuestra clase, para seguir confundiendo, para seguir dominando la reproducción del sentido común, del consenso opresor del sistema, para seguir ocultando la raíz de todos nuestros problemas.

El virus podrá avanzar y/o retroceder y las relaciones capitalistas, la propiedad privada, la ganancia, la plusvalía, la explotación, y todo lo que garantice su funcionamiento seguirán intactas e inmodificables como regla básica e inamovible del funcionamiento del mundo. Podrá haber recesión y crisis en el medio de una pandemia, pero las reglas esenciales que dominan las variables del capital, de la sociedad inhumana mundial en la que vivimos, seguirán sosteniendo todo como está.

Sino veamos las rápidas medidas ya tomadas en “el corazón del virus”, y uno de los principales centros de la explotación mundial, en China. La represión brutal, la tortura, la reclusión, el control social extremo, el miedo y el terror, la descomposición social, complementó los ensayos generales de un régimen que exporta represión y modelo represivo, de control, al mundo entero.

¡Faciliten los despidos para controlar el virus! ¡Gritan las patronales, los/as empresarios/as de todo el estado español y todos los estados! ¡quieren más! ¡En el marco de facilidades inéditas que ya existen, como en toda la UE, para despedir trabajadores/as quieren más! Siempre quieren más.

La matriz inhumana del desprecio y odio reproducido y vertido por ese mismo consenso opresor del capital, hace que, en Italia y Europa, en el medio de la consensuada represión criminal a los inmigrantes, como en la frontera de Grecia y Turquía, como en los naufragios mediterráneos de los que ya no se habla, se combinen diversas formas de alienación social, ahora de jóvenes contra adultos en las cuarentenas del norte de Italia, masacres carcelarias y represiones generalizadas. Pero el mundo sigue girando, con interesantes muestras develadoras del fetichismo en el que vivimos, pero sigue girando.

El sistema y el conjunto integral e indisociable de todos sus aspectos, se descompone ante estos hechos. Se descompone aún más lo que ya está descompuesto, y se pretende parchar con las mismas reglas y métodos que lo generaron, afectando las mismas variables que “lo compensan”. Al capital, a sus propios y endémicos problemas, se le ofrecen formas de “solucionarlos”, de “curarlos”, ¿con qué? Con más dosis de capital.

El estado que “para nada sirve” según los sectores más liberales, como cuando se salvó a los bancos y al sector privado en el 2008 y en cada crisis mundial desde que existen las sociedades divididas en clases, repite sus magistrales y “heterodoxas” fórmulas: “gasto” público e inversión descomunal para subsidiar la tasa media de ganancia de las burguesías, ajuste encubierto, compensaciones fiscales y tributarias al capital, entre otras.

¿Salud pública? Mejor especulación comercial y ganancias extraordinarias para los sectores de la salud privada, ley de oferta y demanda por supuesto: ¡esto es capitalismo señores!, que mueran los que tengan que morir y sin son viejos inservibles, pobres e inmigrantes mejor, no le sirven al sistema son gasto y escoria, puro gasto, y que mejor que lo hagan en el marco de la rebaja de pensiones y jubilaciones de toda la UE, y que mejor que lo hagan en el marco de grandes luchas y movilizaciones masivas en toda la UE y el mundo contra este ataque fenomenal a una vejez digna.

El virus, este bendito virus para algunos, malo para otros que en su mayoría somos los de abajo, la clase obrera y popular, los inmigrantes que estamos más frágiles que nunca, quienes no tenemos vivienda ni para pasar una cuarentena si nos infectamos. Esto es real, claro, afecta y mucho, mata, no discrimina, transciende todo lo predecible, pero el virus, como tal, es lo de menos.

No solo por las lógicas comparaciones pandémicas y/o de enfermedades y males sociales anteriores y contemporáneas a esta, sino por las anteriores, históricas y contemporáneas formas de actuar del mundo capitalista ante estas, desde la desidia a la maldad sádica más absoluta.

 

Más que mascarillas y alcohol en gel, una brújula para “la izquierda”

Liberales, progresistas, fascistas, y hasta cierta “izquierda”, cierto “progresismo”, inundan la crónica periodística con “análisis”, conjeturas, datos, estadísticas, etc. Una real batería de “información” nuevamente puesta al servicio y a la cola de la crónica de los medios de incomunicación, de la agenda política de las burguesías mundiales.

Para todos estos sectores, hegemónicos en sus respectivos rangos, se trata de adaptar los hechos a la política y no la política a los hechos, todo lo que nos anula el pensamiento crítico, todo lo que nos anula la posibilidad de pensar en profundidad y reflexionar de forma independiente como clase, se pone nuevamente al servicio de la normalidad capitalista.

Todos los diagnósticos presentados tanto por los defensores del capital como por quienes dicen combatirlo, coinciden en determinantes puntos, confirmando día a día, crisis tras crisis, que lo que define más que nunca a las fuerzas políticas, además de su coherencia, es su programa.

Tesis conspirativas y catastrofistas, son solo algunas de las “lecturas” del fenómeno por parte de las fuerzas del sistema, y de las “antisistema”. La mayoría de ellas solo apunta a distraer nuestra atención de los verdaderos y centrales problemas de nuestras vidas, los que, para nuestra clase, esta clarísimo que se agravan con un hecho como este, en el marco de otra crisis mundial. Nada nuevo, nada fuera de lo normal. Lo normal, lo que implica vivir en esta catástrofe humana y social en la que vivimos, la barbarie, el capitalismo de todos los días.

Los intereses políticos y el dibujo de la realidad, se combinan con un golpe estruendoso de las condiciones reales de vida del pueblo, cuando queda en exposición, por la fuerza de la materia, de la biología, de la ciencia, el carácter humano del problema, y el carácter humano de la vulnerabilidad que genera “el problema”. Por un lado, somos materia, somos agua, carne y hueso, y el virus nos lo recuerda, por otro, somos la clase obrera la que movemos el mundo, pero a esto no le prestamos tanta atención y si podemos verlo no nos esforzamos por acompañarla de una acción política consecuente con esta verdad, para sacar de ella este nuevo velo fetichista en forma de virus pandémico.

Las clases dominantes trasnochadas y ciertos extravíos “progres” y reformistas, posibilistas, los liberales y cierto “desarrollismo proteccionista”, ya busca encolumnar sus argumentos en verdaderas ilusiones de “repatriación” de capitales, sustitución de importaciones y resurgimiento de sentimientos nacionales, de gestos patrióticos de una burguesía que volvería de las cadenas globales de producción a refugiarse “en cuarentena” por el bien de sus compatriotas, trasladando los centros productivos a las fronteras nacionales, etc. Sorprende ver las coincidencias, la farlopa programática en este sentido, de amplias capas de todas las fuerzas políticas que conforman parte fundamental del sostenimiento de esta normalidad capitalista.

Las especulaciones que asisten a semejantes utopías, también sirven para justificar sus argumentaciones de la geo-política mundial: como no va a ser jugoso para los “antiimperialistas” de copetín, que consideran a China y Rusia el “eje del bien”, pronunciar elogios a Putin por su retiro de la OPEP en el marco de grandes movimientos de las variables económicas mundiales, sobre todo de las que tienen que ver con la circulación de las mercancías.

Más allá de lo que podamos pensar sobre el limitado análisis conspirativo de cierto “progresismo” con programa capitalista, y dándole al beneficio de la duda a quienes les sirva para sentirse bien consigo mismos/as y con sus vergonzantes posiciones y “análisis” internacionales, lo dijimos previamente, el problema pasa por otro lado, y discutir esto solo amplia y espesa la cortina de humo.

El capital no es suicida, y el mundo, tampoco lo manejan 4 tipos con botones rojos y con cepas virales guardadas en un armario, wall street no defaultea a sus bancos a propósito ni hace caer las bolsas mundiales y con ellas el valor de sus empresas, del capital: Marx y el capital para principiantes, sentido de la realidad para principiantes, mínima noción del mundo en el que vivimos.

El desarrollo del caos anárquico capitalista es involuntario, es un monstruo que creamos nosotros/as y actúa contra nosotros/as, esa es la esencia del capital. Y esto hace a todos sus aspectos, con los que también puede pensarse, por supuesto, una voluntad conspirativa para beneficio de algún sector del capital, pero no hace al fondo de la cuestión, ni reglamenta la generalidad del fenómeno y sus tendencias.

“Progresistas” y sectores de la izquierda, sin brújula y sin referencias profundas en su estrategia, ofrecen diagnósticos para la humanidad con más catástrofe que esta, lo hacen porque creen y/o consideran que hablar de una barbarie que vendrá si no reaccionamos, que es peor y que está más allá de esta realidad, construye conciencia “revolucionaria”, “voluntad de cambio”.

¿Ofrecer más barbarie que la que vivimos?, ¿pronosticar más catástrofe de la que ya nos mata?, es lo más conservador que puede hacer alguien que realmente quiera transformar el mundo de raíz.

¿Si la barbarie todavía no llega, no será válido mantener todo como está, sobre todo para los sectores de nuestra clase que no la pasan tan mal y son el verdadero motor calificado del capital? Como aparentemente en el sentido común inhumano, en el consenso opresor inhumano en el que vivimos, no parece ser nada tan malo para mover un pelo por el/la prójimo, ¿Qué nos hace pensar que ofrecer algo peor moverá conciencias? No es una ocurrencia, es contraste de efectividad científica para una “izquierda” “progre” reformista y posibilista que viene anunciando catástrofe tras catástrofe sin mayores resultados concretos.

Cuando se cayó el muro de Berlín, cuando estalló la crisis del 2008, cuando estalló la guerra mundial, la catástrofe, la barbarie, ya era y es parte cotidiana de nuestras vidas, es el capitalismo, es el normal desarrollo del capital, y lo que sucedió fue recomposición, continuidad de la barbarie en todas sus expresiones inhumanas, desde lo ecológico a lo económico.

Es lo normal que sucedan cosas como todo lo que sucede hoy alrededor del coronavirus, no es nada extraordinario, ni complejo, es simple, el problema es que toda reflexión que no sea radical, estará intervenida por un sin fin de velos, de confusiones, de tangentes por las cuales es imposible ver las causas profundas de la realidad, de los hechos.

Ni estadísticas catastróficas ni especulaciones conspirativas, capitalismo puro y duro, consensos inhumanos y anarquía capitalista, social, pura y dura.

Pero la pequeña burguesía no pierde el tiempo y desparrama tinta “contra el capitalismo” pero termina ofreciendo también un programa sindical para “el problema”, demanda mascarillas, salarios al 100% para las bajas de lxs infectados y cuestiona la privatización de la salud, el “social” liberalismo desparrama utópicas referencias proteccionistas y desarrollistas con un programa bien liberal para reconstruir un “capitalismo nacional” y en el medio del delirio a sueldo, si la crisis, la recesión, como dicen los capitalistas, “afecta la inversión”, los inversores ya saben lo que hay que hacer, el capital ya sabe lo que hay que hacer: Capitalismo con mascarilla, pero capitalismo al fin.

Adelantarse y explicar con simpleza las grandes tendencias y fenómenos que gobiernan los movimientos del capital, las básicas referencias sustanciales que nos lego Carlos Marx en el capital, se dejan de lado una vez más, se salta a la yugular del coronavirus con programas de mínima pequeño burgueses, además, sin atender las demandas profundas del problema, con oportunismo supino, y para justificarlo, maniquean la realidad a gusto i piacere de sus posiciones políticas. Anticapitalismo y debate estratégico cero.

Como en cada crisis, como en cada evento significativo para reacomodar el capital, como en cada gran tendencia de sus movimientos, las expresiones serán y son desiguales y combinadas, como lo demuestran las más recientes, profundas y serias aproximaciones a las teorías marxistas de las crisis. No hay datos estadísticos, incluso, que puedan afirmar más que tendencias generales sectorizadas, en los marcos de un capitalismo omnipotente internacional, global, imperialista. Ni la recesión implica necesariamente caída general de la inversión, ni la caída de la inversión va a provocar necesariamente recesión en todos lados, ni en todas partes. Lo que es seguro, como ley fundamental del capital, que, en su desarrollo natural, en su natural guerra de precios, de la competencia, todo lo que afecte las grandes ventajas de “costos competitivos”, al decir de los capitalistas, es lo único que moverá el amperímetro general y particular del capital que espera a ver como se desarrolla, con diversidad de intereses, esta pandemia mundial.

Nuevamente habrá que destruir las utópicas ilusiones de aquellos programas que son liberales y capitalistas por más que se presenten como “progresistas” y/o “anticapitalistas”, ”antiimperialistas”, e identificar incluso las falsas dicotomías de aquellos que intentan proyectar inexistentes intereses patrióticos y nacionales en las burguesías que podrían volver a invertir en sus países o a encabezar “nacionalizaciones”, empresas mixtas, sobre todo de los países menos desarrollados, “dependientes”, y con menores “ventajas competitivas” y técnicas, ante la caída brutal de las importaciones chinas, europeas y las “cadenas medias del valor” mundial, el cierre de mercados y la caída de exportaciones y su consecuente caída en la recaudación de divisas. Es utópico en lo científico y es utópico en lo político. Por el nivel de imbricación del capital y por ende, porque el único sujeto histórico del que no se puede prescindir ni para curar una gripe, como lo demuestra una vez más una crisis como esta, es la clase obrera, los/as trabajadores/as.

Un virus, una enfermedad, una epidemia, ¿podría desarrollarse en otro tipo de sociedad, en una sociedad socialista/comunista humanista y radical como la que proponemos? Si, seguramente, pero también, seguramente, sería más improbable que sucediera por una concepción general y preventiva de la salud dentro de una noción universal, humanista y solidaria, de derecho humano fundamental de la misma. Y si sucediera, al no existir ninguna variable de explotación y opresión, ningún consenso opresor que sostenga privilegios ni mucho menos clases sociales divididas por estos, seguramente su impacto sería mínimo en todos los sentidos, empezando por el humano, por la garantía absoluta de protección de la salud física y psicológica, individual y colectiva, entre las que se encuentra, la comida, el trabajo digno y libre, y la vivienda, y por supuesto, la vida social, parte fundamental que nos constituye como sujetos, como seres humanos sujetos a las relaciones sociales, al amor y al intercambio con el/la prójimo.

Empecemos a cuestionarnos todo esto, impulsado en nuestros lugares de trabajo, en el sindicato y en el barrio, en las agrupaciones de base, los programas de mínima y las medidas urgentes para garantizar la salud general, individual y colectiva, la solidaridad entre nuestra clase obrera y popular, con las familias migrantes, con las/os más necesitados y vulnerables, pero también comencemos a pensar más allá de esta situación, más allá del individualismo perverso, de la paranoia y la superficialidad, ¿en que clase de mundo vivimos?

Nos cuestionamos la frase socialismo o barbarie, porque es una frase catastrofista que no dialoga con la realidad y nos quita iniciativa, y si después de hechos como este, con crisis como esta no lo vemos… La barbarie no está más adelante, el capitalismo es barbarie y ya vivimos en la barbarie, la catástrofe social es una realidad del día a día, si ya vivimos en ella, vale la pena pensar, reflexionar, cuando la olla a presión rompe hervor ante un problema como este en el marco de una crisis mundial ¿qué tipo de sociedad necesitamos? Seguramente que coincidiremos que entre toda la mierda que vivimos a diario, toda la barbarie diaria, destinarnos incluso a morir recluidos/as, aislados/as, pobres y/o desahuciados/as, apestados/as, amerita pensar en si vale pena mejor “arriesgar la vida, sacrificarse hasta la muerte, en los campos de batalla de todos los continentes del mundo”, como lo dijo e hizo Ernesto Che Guevara, que además de revolucionario era médico y sabía de pandemias y enfermedades mucho: convivió, trato y aprendió en los centros campesinos aislados por la lepra, y nos invitó, como hoy lo hacemos nosotros/as, a luchar contra la cepa originaria: el capitalismo. Por una sociedad radicalmente diferente, humanista, socialista, comunista, la única que puede sacarnos de esta barbarie viral y pandémica llamada capital.

 

 

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