Un salvavidas a la medida del capital y un salvavidas para “la izquierda” y su debate estratégico

Foto de Gala Medina via Flickr (CC)

El nuevo anuncio del gobierno del gobierno español no hace más que reafirmar el sentido profundo de su carácter de clase. Como en cada crisis cíclica del capital, el estado al servicio de las burguesías de todo tipo y bandera, sale al rescate de las bases que hacen funcionar este sistema de explotación y opresión, líquido o ficticio, inyección de capital al capital desde las arcas estatales del capital, primera noción real y concreta de que el estado no somos todos, el estado es el monopolio violento del consenso y la coerción al servicio de las clases dominantes, parasitarias y minoritarias que viven de nuestro trabajo.

La medición de la correlación de fuerzas en un escenario de difícil proyección, hace que el gobierno ajuste las precauciones necesarias, abra el paraguas por si acaso, nunca se sabe cuando una aceleración de los efectos de lo inesperado pueda llevarse por delante no solo las concesiones, sino también, a las clases dominantes en su conjunto.

La efectividad de las medidas en términos de contención de la conflictividad social se verá en estos días, en un corto plazo. Como advierte la historia, entendida como parte de la ciencia social, las posibilidades de manejar las infinitas variables que fluyen en la vida de una sociedad dividida en clases y regida por la dictadura del capital es imposible, por lógica radical, por la raíz de un problema que excede a cualquier voluntad. No solo en los efectos materiales, sino y fundamentalmente en los subjetivos.

No se trata de generar un colchón económico, la crisis capitalista mundial sumada a una pandemia inesperada es jugar con fuego, el factor subjetivo como crucial elemento del desarrollo de la historia, de la lucha de clases, se demuestra capaz de modificar las condiciones materiales más adversas, sobre todo en momentos donde la exposición a la cruda realidad en la que vivimos se puede palpar con mayor facilidad, sin tantos fetiches, sin tantos velos entre el valor de lo que se produce y la apropiación privada y concentrada de este valor, desde un alcohol en gel a un a un psicótico rollo
de váter, todo lo que existe en el mundo como tal, es fruto del trabajo obrero.

Esa ruptura subjetiva crucial para la transformación estructural del orden dominante, para apelar a su destrucción absoluta, para apelar a la toma del poder, en momentos de profundas crisis, es cuando más que nunca hay que trabajar para desarrollarla. Cuando se sale de la gris monotonía cotidiana y lo extraordinario moviliza hasta a él/la más descomprometido/a, aunque solo de su zona de confort, es un gran momento para el debate político profundo, tan profundo como la crisis humana que vivimos, donde la agudización de las contradicciones, la combinación de atraso, confusión y caos no hace más que reforzar las lógicas consensuales opresoras, individualistas y egoístas, es más que nunca en la historia el momento de los/as revolucionarios/as humanistas y radicales de profundizar la labor solidaria de conciencia, humana, política e ideológica.

En este marco es que llamamos la atención fundamentalmente a todos aquellos sectores del activismo político, sindical, social, militante, comprometido, con sinceros y profundos anhelos de transformar este mundo, para establecer ciertas líneas de debate crucial en estas horas de incertidumbre, que no hacen más que reforzar diagnósticos que hace tiempo se advierten en el seno de nuestra clase obrera y popular.

La fragmentación y la división de nuestras organizaciones de clase, la confusión del rol de las mismas entre partidos, sindicatos y organizaciones sociales, son una parte elemental de los problemas que vemos en estos momentos a la hora de pensar soluciones colectivas y ofensivas, para marcar una agenda propia a una situación que se agrava y se agravará conforme pasen los días.

Más allá de las diferencias estratégicas, de las cuestiones ideológicas, los grandes desafíos históricos de nuestra clase siguen clamando recuperar las grandes experiencias que desafían al tiempo llegando hasta el presente, para orientarnos tanto en lo que se debe hacer como en lo que no se debe hacer.

Nuestra preocupación centralizada en el debate estratégico, se traduce también, en un problema de programa que ha estado confusamente ausente en estos días, por lo menos, en la gran mayoría de las organizaciones que se dicen del campo obrero y popular.

El rol de las organizaciones políticas “de izquierda”, ante la crisis de las organizaciones obreras y de sus conducciones burocráticas, no ha sido el de fortalecerlas y disputarlas, sino el de ningunearlas y paralelizarlas, dividirlas, continúan en la senda corporativa de fortalecer el ombliguismo con el que se auto perciben las organizaciones que viven de su auto referencialidad institucional, pecando una vez más de susticionismos de las organizaciones de masas, confundiendo el programa del sindicato con el del partido, atrasando la conciencia en vez de impulsarla a dar saltos cualitativos, refugiados en subjetivismos contrarios a la ciencia social histórica, los cuales no hacen más que justificar claudicaciones programáticas y estratégicas en post de “no ser marginales”, mezclando y tergiversando todo en una ensalada de difícil digestión para nuestra clase.

El mundo se cae a pedazos en una crisis nunca antes vista por la humanidad y “la izquierda nuevamente en fuera de juego, lanza un programa sanitario no un programa político, en vez de impulsar las demandas sindicales desde los mismos programas de mínima que deben impulsar los sindicatos y presionar a las burocracias de toda la vida al punto de quebrar su legitimidad social, disputando sus conducciones y haciendo crecer esos programas, se limitan a paralelizar su funcionamiento con asesoramiento laboral, desde los “sindicatos combativos” ofreciendo, como siempre, una salida individual a la situación dramática de nuestra clase, ¡orientación legal para enfrentar los despidos y las suspensiones, y demandando al govern que facilite información sobre estos procedimientos! ¿Y el plan de lucha!? ¿Y las soluciones colectivas? ¿y la independencia de clase? Como siempre más de lo mismo, pero aún peor, sectores de “la izquierda” terminaron escribiéndole el programa a Torra y a Sánchez, es miserable, hoja de ruta para el estatus quo, no vaya a ser que la crisis también se lleve puesta a cierta “izquierda” posibilista y claudicante.

No solo esto, los programas sindicales de ínfima, levantados confusamente por “la izquierda”, convocan a medidas más que insuficientes, retrógradas, graves, ¡cómo no apelar al paro total de la industria en los sectores estratégicos! ¡convocando a todos los que ya están parados a la fuerza a parar! ¡Es un sin sentido atroz, un desconocimiento absoluto de la estructura productiva-económica-social del estado español, de los pueblos bajo su dominio y la Unión europea! ¡de las “cadenas de valor” mundial! ¡Sin en esta situación no paran de forma total los sectores estratégicos, que queda para el resto de la clase obrera! Se legitima la reestructuración del capital a una nueva etapa de
acumulación, que con virus o sin virus, ya demostraba una tendencia progresiva a destruir fuerzas productivas y engrosar los ejércitos de reserva de desocupados, ¡sobre todo en la industria!

Es un problema estructural, histórico, de nuestra clase obrera y popular y de sus organizaciones, de “la izquierda” en su gran conjunto, es un arrastre que no se soluciona con formalismos, sino con un fuerte debate estratégico en el seno de nuestra clase y fortaleciendo la noción colectiva de coherencia y programa, de radicalidad y compromiso serio, de proyección real del poder obrero por fuera de la legalidad y la institucionalidad del régimen.

Ofrecer información sobre procedimientos legales ante los despidos y suspensiones, en momentos como este, no es tarea del sindicato y mucho menos la de un partido. La tarea del sindicato es convocar de inmediato a las bases, de todas las formas que sean necesarias, cuidando su salud, pero previendo la necesidad de radicalizar los métodos ante una realidad capitalista que mata más que cualquier virus, convocar a elaborar un plan de lucha sostenido, con medidas radicales y sostenidas, es el momento indispensable para quebrar las reformas laborales, para quebrar la pasividad metodológica, para ir por la huelga total sin servicios mínimos, por los derechos arrasados por el franquismo y su legado “democrático”.

El rol del partido es orientar el debate estratégico de esos programas, fortaleciendo, en primer lugar, LA UNIDAD MÁS AMPLIA POSIBLE EN EL FRENTE ÚNICO OBRERO Y POPULAR, UNIENDO TODAS LAS LUCHAS OBRERAS Y SOCIALES EN UN SOLO FRENTE Y EN UN SOLO PROGRAMA QUE LAS ARTICULE, es la pieza clave a construir, y una crisis como esta debe remover lo más profundo de las conciencias no solo de las bases, sino también de los sectores de vanguardia.

La tarea del partido revolucionario en este momento es debatir y orientar esa UNIDAD, en anhelos de lograrse, hacia sus saltos cualitativos, estableciendo la conexión necesaria entre la radicalización de las demandas mínimas con la necesaria proyección política de la clase obrera y popular, a sabiendas que las limitaciones entre esa radicalidad y su efectivo cumplimiento será la de la fuerza represiva del estado que ya abrió su paraguas con el ejército en las calles, como lo han hecho las burguesías de todo el mundo de una u otra forma.

El programa de cada organización política es su estrategia, y a pesar de que consideramos que en la gran mayoría de “la izquierda” este debate esta ausente y se carece de programa, bienvenidas sean las diferencias siempre y cuando sean tácitas y existan, hoy no existen porque no están elaboradas, no hay interlocución a partir de algo tácito y palpable. Lo nuestro es una propuesta en este sentido, para no confundir la unidad táctica con la unidad estratégica.

La unidad táctica es la que nos debe acompañar codo a codo en las calles, en la lucha a fondo por garantizar el triunfo de las demandas mínimas, la unidad estratégica es la que nos llevará  seguramente a establecer acuerdos sobre un programa de transición al socialismo, un programa que nos permita caminar juntos más allá de los acuerdos básicos, camino a un frente de liberación nacional y social con profunda vocación de poder, para tomar el poder.

Impulsamos nuestro más profundo llamado a la reflexión del activismo militante en un sentido estratégico, a permitirse pensar en estos momentos más que nunca de forma crítica y anti-dogmática, porque en la historia, las clases dominantes, no saben de diferencias ideológicas y superficiales, son pragmáticas, y cuando avanzan nos llevan puestos a todos/as seamos más o menos marxistas, más o menos feministas, más o menos indepes.

Convocamos al conjunto de nuestra clase a fortalecer las demandas inmediatas, pero sobre la base de una convocatoria urgente a debatir esas demandas, mediante los métodos que vaya requiriendo la situación, garantizando la participación democrática directa y absoluta de las bases, poniendo en crisis los métodos antidemocráticos de la burocracia que nuevamente nos vendió al pacto social, garantizando las tasas de ganancia de las empresas más grandes del estado, de la burguesía y de la pequeña burguesía.

Convocamos al activismo militante de todas las organizaciones que se reivindican anticapitalistas a la unidad en las bases sindicales y sociales, promoviendo el fortalecimiento de programas unitarios que ayuden a fortalecer las demandas de los sectores estratégicos de nuestra clase, los únicos capaces de encabezar el gran paro productivo TOTAL que necesitamos para comenzar cualquier plan de lucha en esta situación de “lockout” de los servicios fundamentalmente. Los/as convocamos también al debate estratégico para avanzar en unidades más proyectivas, políticas, que nos permitan lograr acuerdos básicos de cara a lo estratégico, a una verdadera alternativa de poder con independencia de clase, radical y realmente socialista, a sabiendas de que cualquier demanda en este sentido a un gobierno del capital es un sinsentido.

Convocamos a debatir el pésimo resultado histórico de manuales de ortodoxia de “izquierdas”, que han llevado a plantear demandas transicionales a gobiernos del enemigo de una forma mecanicista,  ahistórica y antidialéctica. ¿De qué se va a disfrazar la izquierda frente a los gobiernos neoliberales de Italia y Francia que nacionalizan empresas y eximen de impuestos y pago de rentas a la clase obrera y popular frente a esta crisis? Contradicciones históricas no resueltas, son realidades incómodas para “la izquierda”.

No solo la praxis científica y la historia ha demostrado que demandar un catálogo de  nacionalizaciones no es sinónimo de programa socialista, sino que además demandarlo a un gobierno de la burguesía, sacando de eje la centralidad de la clase obrera en el poder, no conduce a la progresividad de la conciencia en un sentido de protagonismo histórico para nuestra clase.

La radicalidad programática y estratégica que convocamos a debatir está puesta sobre la fundamental independencia de clase y el cuestionamiento integral a un modo de producción social basado en la explotación y la opresión de todo tipo, la noción de capital vs. trabajo en todo su esplendor, bajo todas sus formas, marcando que por fuera de esta contradicción lo que existen solo son cortinas de humo para fragmentar la UNIDAD INDISPENSABLE, URGENTE Y NECESARIA DE NUESTRA CLASE.

LA CRISIS ES LA NORMALIDAD CAPITALISTA DE TODOS LOS DÍAS, EL PROBLEMA NO ES EL VIRUS, ES UN SISTEMA DE PRODUCCIÓN SOCIAL VIOLENTO E INHUMANO BASADO EN LA DICTADURA DEL CAPITAL.

¡POR LA UNIDAD DE LOS/AS REVOLUCIONARIOS/AS Y SUS PROGRAMAS Y EL TRIUNFO DE LA ÚNICA CLASE EN EL PODER QUE PUEDE TRANSFORMAR RADICALMENTE EL MUNDO!

¡POR EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO HASTA VENCER O VENCER!

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